lunes, 15 de septiembre de 2008

BAJO LAS RUINAS (2ª Parte)

La torre de la iglesia parecía más alta porque los escombros que la habían estado cubriendo, habían sido trasladados hacia otros lugares por la tormenta de viento; entre ellos, hacia mi coche. Pero lo más raro fue que cuando me incorporé oí el cláxo de un coche bajo mis pies. El perro ni se inmutó y mis pies retumbaban encima de aquel ruido. Decidí inspeccionar aquello y con mis propias manos retirar la tierra, hacer un boquete lo suficientemente grande. No me costó mucho. A la hora mis ojos vieron algo negro metálico. Sentí que el perro se movía y al ir a mirar a dónde se iba, lo encontré sentado al lado de una pala. Demasiada casualidad o aquel animal era un prodigio de la inteligencia. Fui a por ella y con paciencia, fui descubriendo que debajo de aquellas ruinas había un coche que insistentemente se le había disparado la bocina. Eran las cuatro de la tarde, sin haber desayunado ni comido cuando mis ojos pudieron contemplar entre la admiración y el horror aquel coche. Era una preciosidad, prácticamente intacto, conservado todas aquellas décadas por los escombros, menos los dos cuerpo que permanecían en los asientos delanteros. ¿Por qué hice una foto de aquella visión? No lo sé, pero no me pude reprimir. Después sin tocar nada, me fui con la pala detrás del campanario y cerca de un almendro cavé una tumba. Después me dirigí al coche y con cuidado, aunque horrorizado, comencé a desarmar el cuerpo del volante. Los huesos los metí en una bolsa y los llevé a la tumba. Después volví a coger el otro cuerpo. Era el de una mujer, joven, mucho. Tenían aun pelo, lo que me estremeció aún más y cuando fui a coger su brazo derecho se cayó al suelo algo. Miré, era un muñeco que también lo metí en la bolsa. Me dio por pensar que a la haría compañía como hasta ahora. Una vez que deposité la segunda bolsa cubrí la tumba y fui a por dos palos para ponerlos en forma de cruz. No es que yo fuera religioso, pero me dio por pensar que esas personas sí. Al pasar por el coche en busca de la madera vi en el suelo algo que brillaba, me agaché y era una medalla grabada el nombre de Carmen 25 de abril 1925. ¡Curioso! Miré mi reloj y ese día era 25 de abril. Me dio por pensar que en la guantera del coche estarían los papeles del dueño del coche y no me equivoqué. Se llamaba Rafael Maldonado García. Así que con la punta de mi navaja grabé Carmen y Rafael y puse la fecha. Al clavar la cruz en el suelo, sonó la campana a la par que el perro de ojos azules se puso a aullar. Desde aquel momento, si no estaba revoloteando, el animal, lo podía encontrar debajo del almendro mirando fijamente a la tumba.

Aquella noche fue una de las más duras de mi vida. Se me hizo de noche y no tenía dónde dormir, así que saqué lo que pude de mi coche y decidí meterme en la casa. Me comí una lata de fabada sin respirar, encendí un cigarrillo y la sombras iban iluminando las paredes; juro que creí ver tres sombras. Comencé a temblar y para apaciguar el pánico que me estaba invadiendo, abrí la botella de de anís que había encontrado en la alacena. Estaba sin abrir y llena de telarañas. ¡Qué bueno estaba aquel líquido! Me tomé media botella y aunque veía cada vez más sombras que se movían a mí alrededor en forma de cuerpos humanos, a esas alturas yo estaba completamente borracho. Entre sueños oí voces, pero lo que me despertó fue el sonido de balas y ametralladora. Me incorporé y todo estaba en silencio. Volví a recostarme y de nuevo el atronador ruido de los disparos, chillidos y luces. Encendí la linterna y pude ver claramente tres sombras una de las cuales se veía perfectamente su cara. Me levanté como un resorte y también yo comencé a chillar. Pero por encima de mi voz había otras que decían “búscanos”. Encendí una fogata en el hogar, el frío era tan gélido o el miedo tan atronador, que no podía parar. Cuando la lumbre prendió las tres sombras estaban a mi lado. Quería salir corriendo, pero no podía, algo me ataba al suelo. Sin embargo, ahora lo recuerdo muy bien, las sombras no tenían atisbo de atacarme aunque yo en aquellos momentos estuviera aterrado. En un momento de calma, apoyé la espalda a la pared, y ellas hicieron lo mismo. Nos estuvimos mirando hasta que los primeros rayos de sol, después, desaparecieron y volvió el silencio.
¿Qué era aquello que se me había aparecido? ¿Fantasmas? No estaba loco, me hallaba cuerdo, quizá más que nunca en mi vida. Tenía miedo y a la vez sentía una curiosidad desmesurada. No tenía nada que perder y de alguna forma debía de morir, ¿no? Si yo desaparecía no iba a pasar absolutamente nada. Por lo menos vivir, sentir la vida, cosa que hasta la fecha había perdido la noción. Por otra parte, era una sensación de estar atrapado en el tiempo, con ganas de contárselo a alguien, pero ¿a quién?
Si dormir, me dispuse a desenterrar mi coche antes de que se me estropeara. Me llevó horas y entre medias iban apareciendo huesos, cráneos. Aquello era alucinante. Puse los huesos en un aparte y cuando ya tuve el coche fuera, me fui a cavar otra tumba junto a la primera. Al paso que llevaba, me iba a convertir en enterrador. Cuando terminé, hice una cruz parecida y grabé “seres anónimos, descasad en paz”. Clavada la cruz, volvió a sonar la campana. Sí, ahí comencé a tomar conciencia de que nada en la vida es casual y que quizá yo había nacido para una labor: dar la paz eterna a seres que vagaban sin rumbo por aquellas tierras perdidas.
Esa noche, no hizo falta tomarme anís, caí desplomado por el cansancio. Eso sí, me puse a chillar y a decir una serie de incongruencias como “Si queréis que os entierre a todos, dejadme dormir” Esa misma noche, me desperté y vi a las tres sombras que vigilaban mi sueño y en un susurro las dije que no me dieran miedo y seguí durmiendo.
Continuará...
PD.Foto cedida por Rafa Ruiz Moreno http://alfaguara-errante.blogspot.com/

3 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Esto va tomando derroteros de argumento de una peli o serie de TV, engancha.
El pobre protagonista va a terminar fundido con tanto trabajo.
Saludos desde la urbe con menos tarea manual.

Jaume Canals Lanacemia dijo...

¿cuando comera?.
mandame la historia completa...
¡Las fotos son preciosas! dale la enhorabuena a Rafa.
¡¡¡PERO!!! ¿Quien ha dicho que en un bloc no se puede publicar un libro en forma de fascículos?
No creo que sea el mejor sitio, pienso que hay otros lugares más adecuados...
Volviendo a la historia hay dos detalles a enmendar:
- Un perro rascando la ventanilla de un coche ¿cristal?. Mejor sería golpenando y rompiendo el cristal.
- Una bocina de un coche que suena ¿Que clase de bateria hace tales prodigios?.
Vale hoy te tomas el cafe, pero afina un poco más.
Un abrazo.

LUCIA-M dijo...

Bueno hoy tengo tiempo y si dejo la huella, aunque leí la primera no tuve tiempo de dejarte comentario
Estoy de a cuerdo con
Nómada, en que engancha pero me encanta
Gracias, por compartirla con todos
Un beso