jueves, 18 de septiembre de 2008

BAJO LAS RUINAS (3ª Parte)

... A la mañana siguiente, me desperté pletórico y decidí que ya era el momento de limpiar aquella casa, pero me di cuenta que apenas ya me quedaban alimentos así que decidí irme al pueblo más cercano. Según me montaba en el coche, el perro de un salto, se colocó en el asiento trasero. Suspiré y arranqué el coche.
Habíamos andado como unos quince kilómetros y divisé un pueblo. Aparqué en la calle principal y nos decidimos a entrar en el bar. Según entramos, las tres personas que había en la barra se retiraron. Yo les dije que no tuvieran temor, que el perro no hacía nada, pero salieron espantados; una cosa muy rara. El dueño me dijo secamente qué quería tomar y yo le contesté un café doble y de paso le pregunté dónde podía encontrar una tienda de comestibles. Nuevamente se dirigió a mí con aspereza preguntándome qué era lo que necesitaba. Cuando le mostré la lista, me preguntó si tenía dinero para pagar todo aquello. Le saqué un pequeño fajo de billetes y desapareció detrás de unas cortinas. El perro y yo nos sentamos y saboreé uno de los mejores cafés de mi vida. A la media hora apareció por la puerta de la calle el dueño acompañado de un chaval con toda la mercancía. Por lo menos allí tenía para dos meses, además de material de carpintería, soga, pilas etc.
Le pedí amablemente otro café y, al mirarnos a los ojos, algo cambió porque me dio un puchero medio precintado lleno de café y, al despedirnos, me dijo “Ya me acercaré con más café, lo va a necesitar” Yo no contesté, ¿para qué? Si todo lo que me estaba pasando era irracional.
Volví a mi asentamiento y pasé un par de semanas muy tranquilas, no sucedió nada raro. Durante ese tiempo, no removí nada. Me dediqué a limpiar, por fin, la casa y con lo que encontré, tuve suficiente material para entretenerme. Salía a cazar muy temprano. En mi vida lo había hecho, pero como otras cosas que tampoco había hecho, por alguna extraña razón, ahora me movía con adiestramiento, sabiendo cómo se cazaba un conejo, se pescaba un pez, hasta encontrar dos gallinas vivas y hacerlas un mini corral. ¡Ah! También descubrí que comenzaba a desarrollar los conocimientos en el cultivo de un huerto. ¿Cómo? No se rían ustedes. Una tarde de mayo con el sol despidiéndose y dando una agradable luz a la entrada de la casa pregunté, más que nada por oír mi voz, qué de dónde demonios estaba saliendo mi sabiduría para ciertas labores. Nada más terminar y con el último reflejo del sol, aparecieron las tres sombras. Ya hasta en la calle. Más de una noche, cuando me sentaba fuera a tomar el fresco, ellas salían conmigo. Por lo visto, no sólo eran mis guardianes si no, además, mis mentores.
Pero como en la vida, también la paz se terminó, justo en el instante en que comencé a moverme fuera del perímetro habitual.
Llevaba días fijándome en un montón de escombros; cada día tenían una forma distinta y no es que hiciera viento ni nada por el estilo.
Una tarde en la que estaba limpiando el coche que encontré para guardarlo en el cobertizo que acababa de medio restaurar, un ruido a mis espaldas, hizo girarme. En la cúspide de los escombros asomaba algo. Me acerqué lentamente y gateando hasta lo alto, vi que asomaba una especie de tela. Tiré y tiré hasta que saqué una bandera republicana con unos huesecillos bien sujetos a la tela; sin duda pertenecían a una mano. Sonó la campana, signo inequívoco que llamaba a desenterrar. Pero como no lo hice, pues me dieron la noche; esta vez un frío terrorífico me tiró del camastro. Miré la hora: las tres de la mañana. A esas alturas, todo lo que me acontecía, lo iba anotando en una especie de bitácora, así que me dispuse a anotar que “algo” clamaba mi ayuda.
Y así viví un par de años hasta que terminé de enterrar todos los huesos humanos. Cuando creí terminar, me sentí satisfecho del cementerio. Eran realmente bonitos aquel lugar florido por almendros que habían nacido espontáneamente alrededor de las tumbas, unas con cruces y otras sin ellas, dependiendo si creía que podían ser republicanos[F1] o no; en algún lado había leído que no todos eran creyentes, de ahí que en la guerra quemaran iglesias y los curas fuera perseguidos.
Una vez que terminé, decidí restaurar el campanario. También quedó hermoso. De sus escombros aparecieron libros de nacimientos y defunciones que los fui apilando para después hacer un estudio de aquel lugar. Al lado de la torre traté de reconstruir un arco que estaba medio derruido y, a partir de él, hice una especie de casón y dentro comencé a preparar estanterías de mampostería y en el centro puse una enorme mesa hecha también con mis manos.
Lo que había hecho durante esos años era un prodigio, un hombre tan inútil como yo era imposible que lo hubiera hecho solo. Sin duda estaba iluminado por aquellos seres.
En aquel tiempo el hombre del bar se acercó unas cuantas veces[F2] , ya nos habíamos hecho amigos. Un día me dijo que yo había conseguido lo que nadie. Sentí orgullo, pero le dije que no lo contara, deseaba que aquel lugar estuviera en paz, lejos de ojos que lo pudieran perturbar. Me dijo que estuviera tranquilo, nadie del pueblo, exceptuando él, quería acercarse al pueblo siniestro.
Todo lo que había ido encontrando bajo las ruinas que pudiera tener un cierto valor a mi entender, lo fui trasladando a la biblioteca. Sabía que debajo de las piedras, de los cascotes, de la tierra, había mucho por descubrir y ya habría tiempo, pero en aquel momento deseaba investigar de otra manera y la primera sorpresa me la llevé en el tercer aniversario de Carmen o lo que es lo mismo un 25 de abril, aquel en que encontré el coche negro con el cual de vez en cuando me paseaba por los campos. Porque aquel coche, con la ayuda de Jacinto, el del bar, lo pudimos arreglar.
Como decía, estaba ordenando unos libros cuando, entre ellos, se cayó algo al suelo. Lo recogí y me puse a pasar las hojas del cuadernillo. La letra era infantil y abarcaba las fechas del 31 de julio de 1936 hasta, ¡curioso! el 25 de abril de 1938… Siempre la misma fecha. En ese momento paré y tuve una idea disparatada. ¿Por qué no poner esa fecha como nombre al pueblo? Pinté una tablilla y justo donde comenzaban las ruinas del pueblo, coloqué el cartel. Mi pueblo se llamaba “25 de abril”
El cuadernillo relataba cosas insignificantes hasta que llegué a la navidad del 1937 en la que su dueña contaba lo siguiente “Ha sido una navidad especial, por encima de los disparos hemos sido felices. Padre pudo traer regalos, bueno, comida para repartir en el pueblo. Se adornó el almendro de la iglesia, cantamos villancicos y Don Marcial, el cura, fue repartiendo a cada uno de los presentes chocolate, harina, lentejas, hasta un par de medias para la Flori. Las señoras murmuraron, pero Don Marcial dijo que era nuestra Magdalena particular. Cuando se terminó de repartir, quedaba una enorme caja y fue padre quien me la entregó. Dentro se oían ruidos y yo estaba muy asustada. Todos me rodearon y cuando, al fin, me atreví a destaparlo, encontré el regalo más maravilloso que un niño puede tener. Era un perro negro con manchas blancas. Un cachorro que parecía una enorme bola de pelo con unos inmensos ojos azules. Madre me preguntó ¿Carmen, como lo vas a llamar? Y yo la dije que lo llamaría Navidad. Sé que no es nombre de perro, pero quiero recordar el día en que todos fuimos tan felices”Atontado por lo que acababa de leer, salí a la calle y de mi garganta salió una voz que decía “Navidad” Al segundo el perro que llevaba acompañándome tres años, el animal que me había guiado, que me había salvado de la soledad, del miedo tantas veces, apareció moviendo el rabo. ¡Dios mío! Me dije, esto es de locos o estoy metido en un pueblo de fantasmas o yo mismo ya formo parte de ellos… Por eso siempre estaba sentado al lado de la tumba de Carmen; era fascinante e imposible de contar. ¿Quién me iba a creer? Ni siquiera a Jacinto le había contado lo de las tres sombras que seguían conmigo y, ahora, lo del perro…
Continuará...
PD.Foto cedida por Rafa Ruiz Moreno http://alfaguara-errante.blogspot.com/

4 comentarios:

amor es libertad dijo...

me encanta el nombre del perro por lo que evoca de emotivo, de calor, de hacerse y dejarse querer

Nómada planetario dijo...

Cada vez se vive con más intensidad lo que ocurre en ese fantástico lugar al das vida como tú sola.
Besos desde una urbe hoy grisácea.

victor Rocco dijo...

hola amiga te invito a ti ya todos tus amigos a visiartme ya que les tengo un desafio, chao gracias.

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Me intriga saber lo que significa: En aquel tiempo el hombre del bar se acercó unas cuantas veces [F2]... Este F2 ¿nos dará la clave de como va a continuar?.
Un abrazo.