lunes, 29 de septiembre de 2008

BAJO LAS RUINAS(Penúltima parte)

Con gran ceremonia, una vez que encontramos la puerta principal, quisimos dejar entrar a la primera a María. Su cara era de verdadero éxtasis y todos nos echamos a reír. Pero quien verdaderamente entró primero fue Navidad seguido de Paco, el gorrino. Ataulfo se quedó en el umbral; le temblaban las patas traseras de una manera considerable.
A base de puñetazos, fuimos abriendo las ventanas. Una luz rarísima iba entrando en la escena. El polvo en suspensión hacía de aquel lugar una escena casi fantasmagórica.
Me quedé en un rincón mirando. Es difícil de describir las sensaciones que me corrían internamente, entre la fascinación y ¿por qué no decirlo? Un poco de respeto. Pero el resto actuaban como si fuera de caza del tesoro.
Aparte del polvo, la casa estaba perfectamente conservada. Aquel día del 25 de abril de 1938 fue congelado aquel lugar, no había otra explicación.
La casa encantada constaba de un pequeño hall y varias puertas a su alrededor. Tres en total. Al fondo salía una escalera bellísima con una alfombra en tonos verdes y rojos.
¿Qué decir de la sala que estaba a mi izquierda? El sueño de cualquier erudito. No es que fuera muy grande, pero no la faltaba detalle. Estanterías hasta el techo en tres de las cuatro paredes, un sofá de cuero al lado de la chimenea y cerca de la ventana una mesa en la que permanecían inmutables todos sus elementos y… alguien en una silla sentado. Su cráneo permanecía apoyado en la mesa, como si le hubiera sorprendido el “día D” cuando estaba escribiendo. ¿Qué podría el papel? ¿Cómo sería su escritura? Era una emoción muy grande para desvelar el misterio, así que seguí paseándome por el resto de las habitaciones. El salón comedor era muy simple y sobrio, pero acogedor, hasta con elementos de plata en sus adornos como un juego de café y unos candelabros encantadoramente velados por las telas de araña. En la pared central un enorme cuadro con una dama vestida a la moda de principios de siglo tocando un piano. Me eché a reír porque estaba seguro de que ella era Matilda y, claro, abajo del cuadro se hallaba el piano un tanto deteriorado por los cables que Navidad había sacado por el agujero del techo. Pero también estoy convencido de que esos cables asomaban intencionadamente para que los encontráramos.
Hallé sentada en la cocina a María con una expresión tan elevada que me dio mido sacarla de su ensimismamiento haciendo ruido. Me quedé en el umbral observándola hasta que ella me dijo:
-Manuel, quiero vivir en esta casa. Sé que he estado esperándola toda mi vida-le di un beso en la frente y se lo prometí llevado por el amor, porque lo que descubrió Fermín en uno de los dormitorios nos dejó petrificados.
Me llamó con una voz agónica que me asustó. Subí de dos en dos los escalones hasta que le hallé en uno de los dormitorios. La escena era escalofriante: por el gran ventanal caían un par de rayos directos a una cuna con dosel. Apoyado un cuerpo, que por las vestimentas era de una mujer, y dentro de la cuna el esqueleto de un bebé vestido de encajes. Nos abrazamos para darnos calor el uno al otro. Era una escena a la vez que tierna, espeluznante, triste.
Pero el colofón era un pequeño retrato colgado en la pared.
-No mires Manuel. Creo estar viviendo la peor de mis pesadillas.
-¿Qué pasa, Fermín, por qué no voy a mirar?
En ese momento entró Melquíades y lejos de ver la escena de la cuna, vio el retrato y soltó un quejido seguido de un nombre:
-¡Es María!
Me deshice de los brazos de Fermín y mire frente a frente al retrato. Era María con una mantilla de blonda tan bella como la que llevó el día de nuestra boda. En aquel instante comencé a vomitar hasta la última bilis. ¡Dios mío! ¿Con quién estaba yo casado? ¿Con un fantasma, una muerta, quizá?
Continuará...

3 comentarios:

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Hay que corregir, y corregir y corregir.
Pues no te puede dar ”mido” y después prometer llevado por el amor por un descubrimiento futuro que te deja petrificado.
¿Lo entiendes?.
¡Por cierto! Ver una belleza y más si es tu mujer, no pienso que le pueda hacer vomitar a uno. ¿Quizás, caerse de…? Por la sorpresa.

Perlita dijo...

Sigo intrigadísima, Mª Ángeles, pero es lo que pretendes ¿no?. Pues lo estás consiguiendo. Tienes una prosa ligera y amena y aunque el laismo hace presencia en el relato, hace más patente que el milagro narrativo, es muy tuyo. Castilla es Castilla.
Ahora a ver qué pasa con María. Te confieso que eres el primer blog que visito cuando vengo a mi portátil.
¡Ah...! Y me dá pena el pobre bebé..Ahora que María no sea un fantasma y que la hermosa morada sea de sus antepasados.

Nómada planetario dijo...

Al final terminarán por llamar al programa IV Milenio, para que descubran si hubo un agujero en el tiempo que transportó a María desde otra dimensión. La verdad es que si pasa algo así es para volverse loco.
Saludos desde el presente simple.