Vídeo promocional de Mujeres descosidas

sábado, 1 de mayo de 2010

PRÓXIMA ESTACIÓN

Hace un rato dejó de llover después de días carbonizados. Ahora entra un rayo de sol por la ventana: es tierno y mestizo. La habitación se ha vestido de alegría y yo también.
Las plantas apostadas en la ventana brillan reventando su color verde entre las estrellas de agua que resbalan por sus hojas; sé que a Marcos le gustará mi casa.
Prepararé un chocolate caliente y lo pondré en la mesa camilla; está en el mejor lugar de la casa porque ves el ir y venir de la vida. En esta mesa me paso horas. Navego por Internet dándome unas alas increíbles. De vez en cuando retiro la mirada de la pantalla y miro por la ventana; siento que el mundo sigue ahí ante mis ojos: por la mañana las amas de casa, los estudiantes. Por las tardes, el paseo, las compras...
Aquí también escribo a mis amigos, esos desconocidos que encontré en la vida de ínternauta y que tanto me han dado. Hoy, por ejemplo, el chocolate que voy a preparar es para Marcos. Llevamos meses escribiéndonos, chateando y, al fin, hemos decidido conocernos. Le he invitado a venir aunque me están entrando los nervios y sé el porqué.
Hay veces que le digo que él se ha convertido en mi mejor amigo, que me conoce mejor que yo. Desde que le conozco, sé que he cambiado, hasta mis padres me lo dicen. Antes era más huraña, insegura, reservada y de carácter agriado. Pero desde que mi padre me regalo el portátil, la vida de nuevo vino hacia mí.
... ¡Madre!, si son casi las cinco y estoy sin arreglarme; se me ha ido el tiempo en pensar lo feliz que soy...

José Daniel sigue delante del ordenador. Se atusa la calva tratando de encontrar una salida pero, ¿cuál?... Un padre hace por un hijo cualquier cosa que esté en su mano con tal de verle feliz. No repara en medios, ni en imaginación...
Cuando Beatriz, su hija de veintitrés años, tuvo el accidente de moto y se quedó postrada en una silla de ruedas, el mundo giró entorno a ella, pero nada de lo que hicieran devolvía un ápice de alegría a aquella criatura hasta que se le ocurrió comprarla un portátil... Lo malo es lo que siguió después: se inventó un personaje, Marcos, y fue una mentira que se fue agrandando día a día, hasta hoy. Su hija esperaba a Marcos con una taza de chocolate y él, su padre, sin poderse bajar en la próxima estación...
-José Daniel, ¿te pasa algo? Estás pálido.
-Ah, hola, Rubén... -José Daniel se quedó callado mientras miraba a Rubén, el joven y recién estrenado tesorero de la empresa- Por cierto, ¿estás casado o tienes novia?- Rubén le pilló por sorpresa la pregunta, pero no pudo reprimir una sonrisa de comprensión hacia ese hombre que le estaba implorando...
-¿Qué quieres pedirme, José Daniel? Me gusta mucho el chocolate, ¿me vas a invitar a tu casa esta tarde?
-¿Cómo sabías...?-Los ojos de Rubén brillaron mientras se daba la vuelta hacia su mesa; ya era hora que recibiera un encargo. Llevaba seis meses esperando, ejerciendo de tesorero cuando en realidad era un ángel que se debía ganar las alas.
“¿Cómo sería la joven Beatriz?” Se preguntaba Rubén mientras revisaba unas cuentas, y buscaba en la memoria el capítulo de cómo no enamorarse de una mujer viva...

2 comentarios:

bixen dijo...

Sabías que "chocolate" viene del azteca y significa "la piedra (o tierra) que amarga el agua", jeje.
Europa pasó del cacao hasta que a unas monjitas españolas se les ocurrió echar azúcar a la infusión. Los franceses o suizos añadieron tanto azúcar al mejunje, que solidificó; lo probaron, y dijeron: 'bon-bon!'.
No soy nada goloso, más bien lo contrario, pero me encanta el chocolate :)

Juan Julio de Abajo dijo...

La insípida realidad puede ser tan monocorde y carente de vibraciones emotivas que otros personajes y otros ámbitos, aunque imposturados o literaturizados, aporten, con el milagro de las ardorosas y piadosas mentiras, unas tremendas ganas de que el sueño imposible dé sentido a lo cotidiano.

Todo existe porque es; pero todos podemos "crearnos" otra existencia, otro "yo"...

Voy hacia donde estás y estampo dos besos en tus mejillas.


JULIO.


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