jueves, 17 de enero de 2008

DOLCE & GABBANA


María y José tienen una cita ineludible a las seis y cuarto o, al menos eso dice él, porque María no está muy segura de que así sea; uno se puede escapar si quiere, buscar una excusa consistente y no hacer lo que otros quieren, sin embargo, José no opina igual, por eso se enfunda en rigurosa etiqueta y espera ilusionado la cita social. María se hace la remolona, no puede ir deprisa porque sus miembros se obstinan en ir despacio; maquillada y con un look muy actual de peinado procede a vestirse no sin antes, mirarse al espejo con cara de asco, actitud muy femenina.

Salen raudos de casa, se montan en el coche, dan la vuelta a la esquina y el coche frena “Pero María ¿te has fijado en tus pies? ¡Uy! No me he quitado las zapatillas” Vuelta a casa, el ascensor a toda máquina asciende a las alturas para que la despistada María se calce el tacón de aguja. Vuelta al principio, el coche sale disparado como la hormiga atómica, llegan tarde, eso ya lo sabía José, con una mujer, la puntualidad brilla por su ausencia.

Por fin llegan al lugar del encuentro; las zancadas de José no son alcanzadas por los pasitos tímidos y titubeantes de María subida al Empire Estate en versión doble, pero lo peor está por llegar. Una maligna alcantarilla espera el paso de María para atrapar con uno de sus agujeros un taconcito de sus lindos zapatitos “¡Ay José! Ven, ayúdame” pero él ya está inmerso en saludos y no escucha a la pobre y desgraciada mujer. Ella se quita el otro zapato para no sentirse coja ni desnivelada; se arremanga las galas vaporosas y negras y trata de rescatar el zapato obstruido en el agujero. Un paisano muy campechano dice “Quite de ahí mujer” y de un forcejeo sale el tacón. María sonríe agradecida y de nuevo calza sus torres gemelas, eso sí, la perjudicada se tambalea, María suspira resignada y se funde entre el personal. No conoce a nadie ni encuentra a José; lo mejor es que no ande mucho, el tacón puede fallar y así, perdida entre la muchedumbre se dedica a escuchar.

Parece por lo que oye, que altos dignatarios del Partido Socialista Español estarán presentes en el evento, la gente revolotea nerviosa y María piensa que por las fachas que todos tienen más bien parece una reunión del Partido Popular, sí de españoles pero no de obreros porque huele a perfume caro, Dolce & Gabanna, Purificación García y hasta Adolfo Domínguez parecen estar presentes en los diseños de las damas ¿Un obrero por muy español que sea podrá pagar semejantes ropajes? Se pregunta María, ella pensaba que sólo la derecha era acaudalada, remilgada y prepotente, sin hablar de la gomina en sus cabezas, pero comprueba con sorpresa que la izquierda es tan altiva o más que el sector conservador ¡Vaya, vaya, cuánto tomate!Encuentra a José rodeado de una masa de caballeros que al igual que él llevan el terno para la ocasión: rigurosa etiqueta de chaqué. Están muy monos piensa María, toditos vestidos de pingüinos y entre exclamaciones llega la novia. Una señora, muy señora, dice que desde Italia llegó el traje de la desposada ¡Qué cosas!Como un rebaño detrás de su pastor, entramos en la iglesia, decorada de manera exquisita, es azahar, se oye decir a una entendida; desde luego allí el ambiente destila pureza, no hay más que otear el patio; nadie presta atención a lo que sucede en el altar mayor y sí en el banco contiguo.

Comienza la ceremonia y aparece la curia en pleno, al menos hay doce sacerdotes para testificar la unión sagrada. María se pregunta ¿El Partido Socialista y muy obrero a la par que trabajado no son ateos? Luego cae en la cuenta que Jesucristo era rojo, sin duda esa es la explicación y más relajada se pone a prestar atención a la boda de alto copeta y baja estopa. Le gustan mucho las bodas ¡son tan románticas! Al menos así eran en su tiempo, ahora tiene dudas, el mundo cambia tanto que teme que deje de ser mundo para ser un híbrido o simulacro de...
El sacerdote habla bárbaro a los contrayentes, recordándoles que aquello no es un acto social sino la consagración de su amor ¡Qué bonito! De repente, por la alfombra roja aparece un intruso; la primera en verle es María que se emociona profundamente. El extraño camina lento, seguro de su paso, hasta con elegancia, parece presentir que la ocasión lo merece; todo transcurre normal hasta que una señora muy acartonada salta un chillido ¡Un gato! El felino, del berrido se asusta y huye espantado hacia el altar pisando la larga cola de la novia. El revuelo interrumpe la homilía, pero todo pronto vuelve a la normalidad, son gente educada, de las que saben estar en cualquier lugar y muy amantes de los animales ¿No dijo Jesús que en su casa podían estar niños, ancianos y animales?
Prosigue la misa; cantan. María está emocionada pues nunca había estado en una misa rociera, algo muy chic que se hace en algunos estratos sociales, no en todos ¡Ojo!Mister gato, vuelve a las andadas y de nuevo reaparece, esta vez con más sigilo, pero no le sirve de nada; un pingüino sentado al lado de José se levanta mosqueado y cogiendo al gato por su cola, lo tira hacia la puerta ¿A quién se le ocurre poner un gato en algo tan elegante y de tanta prosapia? María mira a la puerta, el gato yace espatarrado; pide que de verdad tenga siete vidas porque el viaje que le ha dado el engominado disfrazado de señor es para haberle arrebatado una por lo menos. Una niña con síndrome de Dawn se levanta, es hermana del novio dice una señoritinga, y camina hasta donde está el gato; lo coge entre sus brazos y le acaricia. Una Dama, señora de verdad cuyo modelo bien podría ser verdaderamente de Dolce & Galbana, que cae sobre su cuerpo como segunda piel, recoge con ternura a la niña y se sientan en el último banco los tres, la niña recobra la sonrisa y el gato su vida arropado en diseño de Dolce & Galbana.

Pétalos de rosa, campanas, besos y abrazos; María se siente como un pulpo en un garaje pero no deja de sonreír. José disfruta y eso al menos la consuela. Aparece su familia política y el primer comentario es para decirle que va muy sencilla, hasta cuatro veces se lo dicen, ya María se mosquea y contesta enojada “Voy de yo misma” mientras una bandeja de canapés pasa por su lado ¡Cómo comen! Parece que en sus casas con tanto gasto de aparentar, no les llegue el presupuesto para comida.

El baile es abierto por los novios con el vals tradicional como manda los cánones, el clero bebe, come y asiente satisfecho.Suena un pasodoble y sobre el hombro de María reposa una mano; ella se vuelve y un anciano con la etiqueta correspondiente a una época que ya no volverá le pregunta:

-¿Me concede el honor de bailar este pasodoble conmigo?

María y el bisabuelo se funden en la pista; para ella la fiesta acaba de comenzar, para él, alguien con quien recordar.

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