Vídeo promocional de Mujeres descosidas

sábado, 12 de enero de 2008

TERROR EN LA CRIPTA


“El que ríe de lo que no conoce, se ríe de su propia ignorancia”

AnónimoCapítulo I

-Esta parte de Madrid es la más castiza. Ahora bajaremos por la calle Mayor hasta la Catedral de la Almudena. A mí personalmente, me parece una chapuza, un bodrio neoclásico terminado a destiempo, pero sí merece la pena la cripta. Os gustará.

Fran con su Madrid natal se entusiasma; está deseoso de que llegue alguien de fuera para vagar por las calles de su ciudad, mostrar aspectos que en las guías turísticas no vienen. Ana suspira y le sigue como siempre el juego. Esta vez las victimas son sus padres, gente demasiado mayor para darles una paliza andando, pero ellos se muestran entusiasmados con el chico y no dicen ni pío.

-Fran, primero tomamos un refresco en el café de Oriente para que mamá descanse, llevamos más de tres horas andando.

-No tardaremos mucho; es mejor ir ahora para que vean las vidrieras. Dentro de una hora escasa se irá el sol y no se podrá percibir su belleza.

-Hijo, ¿de qué estilo es la cripta?- La voz de Pablo es jovial e interesada por las explicaciones del chico.

-Neomedieval. En el altar mayor se conserva la imagen de la patrona de Madrid, Nuestra Señora de la Almudena. La capilla está rodeada de columnas y tumbas. Ya verá Pablo, jamás se habrá visto rodeado de tanta nobleza, eso sí, muerta.- Todos ríen el comentario de Fran.

En las ocasiones en que Fran ha ido a la cripta no había apenas gente; esa ausencia de ruido y personal pensaba que daban más misterio al lugar. Allí, al igual que en una catacumba, hacía un frío húmedo. La luz era escasa y mal enfocada, por lo que se inventaba sombras fantasmagóricas por doquier. Ana, la última vez que fue, hacía dos meses, pasó miedo y tuvieron que salir precipitados. Esta vez, no le soltaría la mano; no comprendía después de todas las veces que había ido, tuviera miedo. Aducía que oyó una voz en una sombra que semejaba a una mujer.

Fran trato de dar una explicación razonable al asunto, porque justamente aquel día, la capilla estaba repleta de velas encendidas, colaborando al aumento de sombras y, justo al lado de Ana, se hallaba una mujer mayor rezando en alto; no hubo forma de convencer a la chica, y lo dejó por imposible. Las mujeres son demasiado obstinadas cuando sentencian algo y es gastar energía para nada, pensaba Fran.Como siempre, Fran al entrar aspiró con deleite el olor a incienso y trató de que Ana hiciera lo mismo.Clemencia, la madre de Ana, se aproximó a un banco a rezar, y Pablo sacó las gafas de leer para comenzar su prospección en la lectura de los nichos que estaban bajo sus pies. El grupo se disolvió, cada uno estaba entretenido en aquello que más le llamaba su atención.

¿Cuántas veces había ido Fran allí? Innumerables; pues bien, nunca se fijó en aquella escalera diminuta del fondo de la nave. Inconscientemente se fue acercando a ella como si tuviera un imán. Al llegar a ella sintió un escalofrío, acusado más aún, cuando sin esperarlo, sintió una mano en su espalda; se encogió y no respiró.

-¿Dónde vas? Por favor no me dejes sola. Hoy esto está más extraño que otras veces.

-Ana no empieces. Anda, dame la mano vamos a subir- Le tendió la mano y comenzaron a trepar por los escalones de mármol, cuyos bordes estaban dentellados.

El lugar no podía ser más frío, hasta las paredes rezumaban una especie de agua, casi imperceptible por la escasa luz.

-Mira Fran, parece sangre.- Ana apuntaba con el dedo meñique a uno de los lados de la escalera.

-Sí, la sangre del marques de Villaverde, no te jode. Deja de decir bobadas. Es humedad que con esta luz parece cualquier cosa. ¿Tienes mucho miedo?- se vuelve para hacerle esta pregunta y estrecha contra sí el cuerpo femenino que está temblando- Lo vemos rápido y nos bajamos.

-De acuerdo.- Su voz no puede sonar menos convencida y se jura así misma, no volver a aquel lugar; si quiere, que vuelva solo-... ¡Fran, miraaaaaaaa!

Capítulo II

El ruido se repite una y otra vez; la curiosidad empieza a ganarle el pulso a la prudencia. Camina despacio, guiado por algo y se siente un chiflado en las garras de un ente paranormal.
Un Golpe seco, le extrajo del ensimismamiento en el que se encontraba desde que piso aquella dependencia.

-¿Has oído eso Fran?

-Sí. Para colmo, se ha ido la luz. Saca el mechero, saldremos de aquí. ¡Venga! Date prisa.- no hay respuesta y Fran repite-… ¡Anaaaaa!

-Ella se ha bajado. Si me permite, le ayudaré yo.

-¿Quién es usted?-Fran fuerza la mirada pero no ve nada, sólo oye la voz y se pregunta de dónde habrá salido.

-Soy el padre Faustino, miembro de la compañía de Jesús, trabajo aquí desde hace noventa años.

-¿Noventa dice usted? ¿Entonces que edad tiene Padre?- Fran se encuentra perplejo. La voz del extraño no aparenta más de treinta o cuarenta años, por lo que la curiosidad le induce a hacer una segunda pregunta.

-Depende: terrenal ciento veinticinco años; en este estado, setenta y ocho.

Debería haber salido corriendo; haber dejado aquel loco demente seguir con su alocución. Sin embargo, se quedó extasiado, como cuando era un niño y su padre le contaba un cuento cada noche; pero si mal no recuerda, nunca fueron de terror, y éste lo es, al menos para las débiles y atolondradas mentes como la de Ana. Se alegra de que ella no esté en ese momento; lo pasaría mal, muy mal.

El silencio gélido rasca sin querer, ha de ser sincero consigo mismo, aunque en el fondo le haga gracia la situación; cuando cuente que ha estado con un tío que dice ser…

-Ten cuidado, vamos a bajar dos escalones y puedes tropezar con el cuerpo de Paco; tiene la manía de esconderse en ese rellano.

-No te preocupes. Si no te parece mal, te tuteo; nunca he tenido demasiado respeto al clero y eso que me eduqué en sus faldas.

-En mis tiempos, todo el mundo se llamaba de usted. Ahora, ya he observado que las formas han cambiado.-Por más que hablo contigo, más preguntas me hago.Vamos haber: La energía ni se crea, ni se destruye; sólo se transforma ¿No? Los seres humanos somos materia y sentimientos. La primera, está claro donde va cuando nos morimos pero, ¿Adónde van los impulsos energéticos como el amor, el odio o la alegría?- Fran para de hablar para reflexionar, no quiere tacharse de más loco de lo que en ese momento se tiene.- ¿Tú qué eres entonces?

-La muerte no existe. Se produce la defunción de la parte puramente física, como bien has dicho; el ser humano tiene un cuerpo energético que no desaparece, un don entregado por Dios, que es la energía primigenia. Son lo que lo vivos llaman fantasmas; palabra que su simple mención provoca miedo; a veces escepticismo como el tuyo y otras… hilaridad.

Un rugido estremecedor inunda el espacio oscuro, sólo iluminado por el haz de luz de Faustino; éste calla ante el ruido. Parece la voz de una bestia malherida.

-Venancio, soy yo, Faustino, vengo con un amigo. Por casualidad, ¿no habrás visto a una chica rubia pasar corriendo por aquí? Espero que no le hayas asustado, que te conozco.

-¡Imbecil!- Fran da un respingo; jamás oyó sonido semejante ni humor peor llevado.

-Gracias Venancio, siempre tan amable. Vamos Fran, tu novia, no ha pasado por aquí, sino estaría atada a esa silla; éste es poco original. Ata a sus victimas hasta que se desmayan de terror.

-¡Qué divertimento más abrumador! Ése ¿Cuántos años lleva enfadado?

-Doscientos veintisiete años. Es el marques de Fuente, que le pilló el marido de su amante con otra que no era su esposa; de rabia, le clavó una daga en el corazón, desde entonces está de un humor de perros.

-En aquella época eso era muy frecuente. ¿Tú estás siempre por aquí?

-Sí. Me gusta observar; a ti te he visto varias veces, pero hasta que no me he cerciorado bien de que no te asustarías, no te he hablado.

-¡Todo un detalle por tu parte! Por cierto, esa escalera por la que subimos mi novia y yo nunca la había visto o, ¿es fruto también de mi imaginación?- Fran ya duda todo.

-Sí, estuvo en sus comienzos, pero después destruyeron esa subida. La habitación donde entraste hay escondido un gran secreto y quien lo hizo, deseó eliminar cualquier rastro.

-¡Ah!... Y ¿Qué secreto es ése?- No ha podido reprimir ni la pregunta ni la curiosidad; ahora, una vez superados los primeros momentos, se ha relajado. Si ha de ser una pesadilla, disfrutará de ella; si es realidad, algo aprenderá.

-Viví en Guatemala y un chamán me organizó las habilidades sensitivas. Cuando volví a España, me dediqué a la investigación de los fenómenos paranormales; un buen día, descubrí esa sala y allí quedé atrapado.- La voz de Faustino se ha tornado melancólica.

-No te entiendo. ¿Quieres decir que te quedaste allí encerrado?

-No lo sé exactamente qué pasó. Había una puerta por la que entrasteis vosotros, que desapareció; el tiempo trascurrió. Me mantuve con vida no sé cuanto, algo no me dejaba abandonar mi cuerpo, hasta que un día me quedé en este estado.- Fran empieza a sentir ternura, pena por “Eso” ya que no se atreve a calificar de otra cosa.

-Pero dime, ¿qué andabas buscando allí?

-No te puedo decir nada, lo has de buscar tú y ayudarme. Tú eres el elegido- su voz sonó rotunda.

Capítulo III

Fran se restriega los ojos, se siente muy cansado de pronto. Se da cuenta que está sentado en un banco al lado de Clemencia, la madre de Ana; ésta se vuelve hacia él y le dedica una mirada tan inmensa que le reconforta y le saca del éxtasis en el que se encuentra.Sin levantarse busca a Ana, que la halla junto a su padre charlando animosamente y ve como le hacen un gesto para que se acerque.

Él se levanta como un autómata y se dirige a ellos.

-¡Mira hijo!- El padre de Ana le señala una tumba.-Es el nicho del padre Faustino, el famoso cazafantasmas de los años veinte ¡Cómo me gustaban sus historias! Creo que tengo casi todo lo publicado por él.

-Eso son creencias espurias Pablo, pero ya que lo dice, podía dejarme esa documentación para echar un vistazo.

-Te he picado la curiosidad, ¿eh? ¡Ay incauto! No rechaces lo que no conoces- meneando la cabeza, Manuel se va en busca de su esposa y Fran se le queda mirando en un interrogante.

-¡Ana vámonos! Por hoy ya hemos tenido suficiente- Fran se para en seco y dirigiéndose a Ana le pregunta:-¿Conoces los antepasados de tu padre?

-Mi abuelo era ayudante de ese tal Faustino.-Ya comprendo. Gracias por la información.

Sin esperar más respuesta, Fran sale precipitadamente de la cripta; necesita aire fresco, asimilar que está atrapado… como el padre Faustino, pero él está vivo y el reverendo ¿?

Epílogo

Francisco Paredes se pierde en una maraña de papeles y basura; latas de cerveza vacías, trozos de pan seco mordisqueado, cientos de colillas apagadas de cualquier forma.Es su forma de trabajar; más, cuando se trae entre manos un asunto con visos de ser bueno, realmente bueno.

Este pensamiento le ha hecho reír “De ilusiones también se vive” dice para sí.Lleva tres años recopilando documentación, sin un puto duro en el bolsillo y sus acreedores al acecho.Un buen día, decidió abandonar todo por una ilusión, y a estas alturas aún no alcanzó nada; bueno no, ha llegado a los umbrales de la pobreza y a lograr la incredulidad de sus amigos.

Nadie comprende su actitud; tampoco le importa.El quiere ser escritor de ciencia ficción pero no encuentra su camino, porque para eso, no hay que ser amigo de los fantasmas, sino sentir terror, creer en ellos y, al fin y al cabo, él es uno más.P

.D. Los fantasmas son reales; no son perceptibles ni tangibles, pero hay personas como tú que podéis verlos... ¿Me veis?

3 comentarios:

blumun dijo...

Pues te veo si. No debe ser agradable eso de llegar al Umbral de la pobreza. Es mejor llegar a ser Umbral Don Paco, pero vivito y coleando, faltaría más.
Besos.

©Claudia Isabel dijo...

M. ángeles, me encantó el cuento. Me trajo recuerdos del fantasma de Canterville de Oscar Wilde, por la manera cómica de relatar algo de terror.
Saludos desde buenos Aires.

♥♥♥JOSELYN♥♥♥ dijo...

Fantasmas, algunas personas llaman.: Un alma en pena. Menos mal es un cuento. AJAJAJAJA. Me dio escalofrios. Abrazos y Bendiciones enorme. FELIZ 2008