sábado, 17 de mayo de 2008

FUEGO EN UNA NOCHE DE VERANO

Verano 2002
Es un atardecer espléndido; una suave brisa agita las hojas de unas plantas estivales en pleno furor de su belleza. La luz se refugia en la noche lentamente, lánguida su despedida.El verano es vital, joven, alegre, eternamente sensual.
Ellos se conocieron en una noche de verano…Aún después de tanto tiempo, ella lo sigue amando; no me lo explico. Él era un cabrón o, así llaman en mi tierra a ese tipo de gentuza. Sin embargo, para llegar a ese grado de soberanía hubo de pasar algo que indujera a su persona a ser despreciable. Nadie nace de una determinada forma porque sí, sino que a lo largo de la existencia vulnera la esencia conduciendo los pasos humanos por derroteros detestables hasta destruir los principios básicos y comunes.
Hasta el ser más malo, tiene su lado bueno y candoroso; un corazón de nata y mantequilla que, con una pizca de calor, se derrite.

Primavera 1997
Ella era muy bonita; su envoltorio tremendamente seductor, lejos de los estereotipos habituales; enfáticamente agresivo. No obstante, te internabas en ese su mundo intimo y personal y todo en ella era ternura. La bondad que emanaba, taladraba al más rudo y rústico ser humano. Él, físicamente atractivo, guardaba un océano de desconciertos donde su balanza personal se inclinaba de un lado a otro sin causa aparente; la huella de su vida era demasiado fuerte.En las noches de luna llena, emborrachado de sexo y amor, era sincero con el ser que cada día le era más imprescindible; sus palabras eran verdad, sus pensamientos no llevaban a engaño. No había lamentos aunque sí pesares al afirmar que odiaba el mundo en el que vivía, que su jardín más privado no había Phoenix ni magnolios sino un estercolero.
Sí, era un cerdo de los que dejan marca, un tarado con título universitario; de esos que visten inmaculados trajes con corbatas para aparentar ante los ojos extraños algo que no son y, lo que es peor, jamás lo serán.Un cobarde, cuya valentía no iba más allá de expresar a media luz un deseo; más luego se arrepentía porque bien sabía que sería incapaz de mantener un sentimiento sentido en lo más hondo más de cinco minutos antes de que se abrasara en las sensaciones de cualquier ser humano.
Jamás lo llegué a conocer físicamente, aunque si he de ser sincero, la idea de tenerlo frente a mí, me sedujo más de una vez; sólo a través de las cuerdas vocales de una mujer, a veces emocionada y enamorada, otras rabiosa y desamparada, fui dibujando el perfil de aquel hombre. Por casualidades de la vida, se conocieron y desde aquel día caminaron juntos en la distancia, pero muy unidos; un sentimiento fuerte e incontrolado les juntó. ¿Fueron felices? Sí, creo que sí aunque ella lo niegue. La felicidad son muchos instantes sueltos, pero cosidos a puntadas profundas. La inestabilidad de su relación fue siempre la leña para avivar el fuego de su pasión… sin duda aquello vivido fue hermoso.
La mujer, diamante en bruto, fue fundiéndose en el hombre, desgastándose en la persona masculina, y poco a poco perdiendo el brillo que le distinguió hasta desaparecer como entidad.Él no apreció esta entrega, era incapaz, no poseía los resortes necesarios para valorar lo que tenía entre sus manos. ¡Pobre desgraciado!, destruyó de la forma más ruin la alquimia que hubo en ellos. Era un adolescente en su actitud, un sátrapa para sí, cuyas marcas vulneraron toda posible querencia de ligar su vida a la de otra, y una noche de verano hundió el tridente para siempre en la posibilidad de llevar una vida acorde con las pocas reminiscencias que le quedaban para una estabilidad emocional.

Otoño 2005
Faltaban unos días para que llegara noviembre, mal presagio para quien barrunta su final; se sentía gris, neutro con el color y el olor del invierno prematuro. En su cabeza aún conservaba la pasión del verano y el iluminado diciembre, pero nostálgico y triste parecía que le costara vivir en paz, aunque fuera sin pena ni gloria. La luz se fue acortando; la penumbra brillando como trasiego a la oscuridad más total se fue apoderando de su existencia.
Salía a respirar el aire del último otoño de su vida y ni las copas amarillas que son la única antorcha dorada entre las tinieblas del alma y el abismo, podían hacer nada por aquel corazón sentenciado. El humo de las chimeneas nacía como el decorado perpetuo de los largos meses de letargo que esperaban por delante; él miraba semejante belleza que le abocaba a finalizar de una vez sus míseros días entre la especie humana.
Sus horas terminaban y como película en su mente pasaban sus recuerdos; bien no había hecho, estafas, mentiras y dolor fue lo que sembró. De eso nada decía ni sentía, pero ella… Fue luz, aire, vida.
Sí, él fue sin duda alguna un cerdo; no me explico como ella puede seguir enamorada. Yo, ajeno a aquel fuego de una noche de verano y mal que me pese, entiendo que una persona llegue a ser una cloaca humana…

Invierno 2015
Las gafas de un miope en ciernes no ayudan a este viejo chocho que pasa los últimos momentos de su camino rodeado de recuerdos; la memoria me juega malas pasadas. Lo que ayer aconteció, hoy apenas lo recuerdo. Sin embargo, los años se me agolpan como si estuvieran sucediendo en este mismo instante.Siempre tuve miedo a llegar a viejo, a ser un incapacitado, a la muerte misma, pero ahora ya es distinto. Me siento valiente, con ganas y fuerzas de dar el último paso de mi vida.Ya nada me ata aquí sino la ilusión de cada lunes, día dedicado a la luna, de coger el autobús con las flores más frescas e ir al cementerio a charlar un rato con ella.
Ahora es Teresa quien escucha en silencio mis largas divagaciones; me atrevo a decir lo que siempre callé.”Te amé desde el mismo instante en que te tuve entre mis brazos; no hay distancia en horas ni minutos que prohíba un amor, no hay leyes físicas ni químicas que tachen un sentimiento.
Eras mi sobrina desvalida de padres y a mi lado creciste; juntos vivimos tu nacer a la experiencia, la ilusión y la decepción. Atrapamos juntos tu juventud que moldeaste como nube de algodón a tu forma de ser hasta que, aquel cerdo desbarató tus deseos. Gracias a él, fui descubriendo en tus palabras la mujer que dentro de ti guardabas; ya no eras niña y una mañana ante el espejo disipe la tela de araña que me impedía ver mi sufrimiento, tu dolor.
Me costó más de una enfermedad resignarme a silenciar, atrapar la verdad de que yo era un padre para ti. A olvidarme del hombre que nacía en mí cada vez que te aproximabas. La resignación fue mi compañera de viaje y el sentimiento lo pinté de cariño.
El día que partiste para siempre… al fin, fuiste mía en la eternidad.

3 comentarios:

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Hay cabrones con suerte…
Pero siempre me he preguntado que se puede hacer cuando tienes la suerte de que una mujer te quiere y no la puedes corresponder.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Sr. Canals, ¿y si dejo la banca y pongo un consultorio y en los ratos libres escribo culebrones? Ay cómo mola... Mari Feacis, Jaume, te contestaría que lo mejor es que la escribas una carta bonita (si quieres te la escribo yo, admito encargos)diciéndola que al corazón no se le puede obligar a sentir, que es independiente, autónomo y, claro al ser autónomo, no puede hacer sociedad con la susodicha.
¿Qué? ¿Te he aconsejado bien?
Gracias por hacerme reír cuando aún tengo los ojos medio cerrados

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Mari Feacis la carta tiene aun tiempo de escribirla para que en el 2015 las gafas de un miope en ciernes, ayuden a un viejo chocho a no ir a taladrar a por ejemplo Teresa que lo escucha en silencio.
Aunque me ha encantado escuchar la risa...