martes, 20 de mayo de 2008

AZUL

Siempre me gustaron las películas que se desarrollaban en época navideña. Ah, y que todo estuviera nublado de nieve. Entonces comenzaba a soñar que esos personajes eran de verdad y que yo formaba parte de sus vidas. Reía, lloraba, me enamoraba…, siempre con ellos.
Y mi madre dijo de mí que el día que despertara de aquel mundo irreal iba a sufrir, sufrir mucho y de verdad. Pero ese mundo que se me decía que era el verdadero no me gustaba y como no me gustaba me fui alejando de la realidad. Tanto, que un buen día no reconocí mi vida y mi familia se vio abocada a encerrarme en un sanatorio de esos que llaman manicomio o psiquiátrico o clínica para enfermos mentales, qué más da.

Mamá, la más impaciente no pudo ir a verme; era demasiado fuerte para su corazón. Papá iba a veces, pocas, con una tarrina llena de tortitas hechas por la abuela. La verdad no sé para que iba. En vez de consolarme, lo consolaba yo. Él sabía que yo no estaba loca y se avergonzaba de no haberme defendido frente a mis detractores. Era incapaz de mirarme a los ojos y yo, entonces, me empezaba a apiadar de él, se me olvidaba el rencor por lo que me habían hecho. Le acariciaba, llorábamos juntos y volvía a sentirme dentro de una de mis películas favoritas. Cuando se iba, me tenían que volver a medicar con una de aquellas pastillas horribles que me hacían perder la noción del tiempo y dormía, dormía mucho y cuando mis ojos se despertaban, no sabía quién era yo ni siquiera en mi fantasía. Total, le prohibieron que volviera a verme y en su lugar enviaron a mi hermana mayor. Sólo dos años nos distanciaban y parecía que fueran siglos los que separaban a mi mente desquiciada y su abominable regla de la buena vida. Para ella en la existencia de una persona sólo debía imperar una cosa: las buenas maneras… Pero nunca entendí ni lo quise hacer eso que ella me proponía porque me parecía hipócrita y egoísta. Me dejaba al final de sus visitas tan noqueada que también los médicos determinaron sus visitas como nocivas para mi salud mental.

Poco a poco dejé de tener visitas familiares y yo empecé a recobrar mi estabilidad emocional o, lo que es lo mismo: dejé de hablar de mis fantasías.
Me pasaba los días mirando por la ventana. Ésta daba al mar y aunque estuviera separada de un gran muro alto y blanco, mi ventana aún era más alta y veía ese inmenso océano azul que cambiaba según la estación o el color del cielo, pero siempre eran profundamente azul… Y comencé a mirar la vida con ojos de azul.
Las tardes de lluvia me gustaba acompañar al mar en su tristeza y, de paso, ponía orden y sosiego en la trastienda de mi alma. Así emprendí el largísimo camino del conocimiento sobre mí misma y a que enfermeras y médicos me declararan no peligrosa.
Eso no quiso decir que me dejaran suelta fuera de aquellos muros altos y blancos… A veces pensaba que no volvería a ver más tierra que la que había en aquella parcela hasta el muro. Por eso, cuando me invitaron a abandonar mi habitación y pasar a una planta más baja me negué, allí no volvería a ver el mar; caí presa de una crisis nerviosa…, y me volvieron a medicar con aquellas odiosas pastillas, pero cuando desperté, desde la cama vi el azul de mar; mi pequeña gran batalla la había ganado.

En una de las visitas de diván con mi psiquiatra pedí humildemente con un hilo de voz si podrían pintarme de celeste las paredes de mi habitación; accedió sin rechistar. La siguiente petición fue que dijeran a mi familia que me mandaran ropa del color añil, zarco, índigo, cobalto…, pero que ellos se abstuvieran de llevármela. Mejor que la mandaran por mensajero; no deseaba más inyecciones. Estaba en un punto de mi vida en que tenía control sobre mis sentimientos.
Así pasó el tiempo, no sé cuánto. En ese mundo de Babel no existían relojes ni calendarios, sólo yo y el azul del mar.
Pero nunca obtuve la libertad aunque sí ciertas licencias. Volví a ver películas de ambiente navideño y grandes amores. El mundo de las selvas amazónicas, tierras de inmensos pastos, el desierto… Todo lo vi a través de aquellas películas con licencia de mi psiquiatra.

Un buen día, me dio por hacer garabatos en un papel. Me había venido a visitar una gaviota; me estuvo cantando una bella melodía aunque muy triste. Me dio por imaginar que aquella ave estaba sola, perdida y decidí transcribir en una servilleta sus penas. A la mañana siguiente cuando bajé a desayunar en mi mesa encontré un bloc con una nota que decía “Para que sigas escribiendo sobre tu gaviota”
Apenas desayuné y me precipité escaleras arriba. Moví la mesilla de noche, justo al lado de la ventana y me puse a escribir rodeada de un cielo azul que pintaba al mar de cobalto; así nació mi primer cuento.
Cuando lo hube terminado, lo leí en alto. En una parada, alcé la vista del papel y en la poyata de la ventana estaba la gaviota; sus ojos me dieron las gracias. Lo sé.

Desde entonces han pasado muchas lunas. Así cuento el tiempo mientras los hilos de plata nacen sobre mi cabello.
Ya no me llamo Ana Isabel sino Azul. Soy escritora y vivo en un sanatorio para locos mientras la brisa del mar azul penetra hasta el fondo de mi alma.

8 comentarios:

amor dijo...

habría que dárselo a leer a más de una amiga bloguera con ese nick: azul

beso

amor

sornatalibrera dijo...

Hola! me encanta tu blog, no he hecho aun ningun comentario, pero pronto espero animarme, jose javier (cefirodeloeste.blogspot.com) me ha lanzado un desafio y yo te lo paso a ti, espero que lo aceptes, la entrada es la del 14 de mayo, ah! soy Natalia, encantada! un besote

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Cuando pases los tres azules cabos
y te pongas los tres azules pendientes,
no habrá desafío que se precie
al son del color azul de la tinta
que discurra por los surcos
de la pluma azul de tu gaviota.
Así pues… tras muchas azules lecturas.
Siempre habrá quién con su mirada azul...
¡te aprecie!.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenas noches Amor... si la conoces, dila que venga.
Un besote y muchas gracias por tu comentario

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Sornatalibrera... Hija qué nombrecito guuuuuuapa; se ma enredadu la lengua y los dedos, jajajaja.
Ya he puesto en Intimo y personal lo que me has pedido.
Muchísimas gracias por tu visita y por el reto

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

jaume... estás más zumbado que yo; me encanta.
Un besote a manzanilla; los miercoles tengo reunión y cuando salgo me dedico a la bebida (qué mal suena, leñe)

Caminodelsur dijo...

Ha sido muy grato leerte, un verdadero placer, por suerte, si algo bueno tienen estos tiempos en que nos ha tocado vivir es que no nos encierran en un manicomio por vivir la realidad que a solas queremos y el que quiere se puede "autoencerrar" en este mundo de las bitácoras.

Me gustó este relato Azúl.

Abrazos de un sur muy lluvioso en estos días.

Pili O.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Muchas gracias Caminodelsur, tienes un blog entrañable.