domingo, 30 de noviembre de 2008

EL HORÓSCOPO

Pasé la hoja y mis ojos chocaron con un horóscopo que decía a mi signo zodiacal “Los proyectos de trabajo se irán concretando favorablemente y esto pondrá a sus miedos y dudas fuera de sus mundos. Sentirá que, por fin, puede respirar hondo y disfrutar de la tranquilidad que esto supone” No seguí leyendo; no pude. Una estruendosa carcajada inundó todo mi cuerpo y mi ánimo.

Dos semanas atrás…

El sol despierta en lugares imposibles y es un regalo de la naturaleza, Patricia… Me río al darme cuenta que últimamente no hago más que hablarme a mí misma. Necesito este diálogo de tú a tú como el respirar hondo y llenar mis pulmones de vida. Es lo que me mantiene despierta, con ojo avizor pendiente de lo que pasa a mi alrededor y, sobre todo, equilibrada. Hay noches que cuando me meto en la cama soy incapaz de conciliar el sueño. La sombra del miedo me viene a visitar y me doy cuenta de que mi cuerpo, como las hojas del álamo temblón, castañea de pánico. Cada vez duermo menos y el cansancio hace mella en mi ánimo. ¿Cuánto hace que no sonrío? ¿Cuánto hace que no vivo esa serie de chorradas que tanto me gustaban? Caminar bajo la lluvia, contemplar a los niños jugando en un parque, el rostro de un anciano marchitarse… ¿Cuánto, Dios mío, cuánto?
He dejado de comer; no me pasa la comida. Sólo fumo, tomo litros de café para no dormirme, para mantenerme despierta y oír sus pasos, su voz, como se acerca lentamente y comienza el rosario de reproches.

Me gusta este autobús. Cuando me subo a él, tengo la sensación de meterme en un confesionario y ordenar las ideas, cantar lo que callo. Mientras sus ruedas trepan calle arriba, mi cabeza se va preparando, organizando el diario del día a día, de las horas eternas, sin fin, que paso en mi calvario. Mi cabeza no hace otra cosa que repetirse una y otra vez “Tranquilidad, no pierdas los nervios. Compréndele, sé abierta a sus reflexiones. Si te pide, no discutas. Se lo das y te libras de sus largas charlas diciéndote que él es el que manda y tu obligación es obedecer… Y es que lo hago, lo juro, pero él me dice a todo que no, que no es así. Y yo vuelvo, paciente, a comenzar, a tirar todo y recomenzar con sonrisa y voluntad, pero es imposible. Él me está esperando en la siguiente esquina y sigue escupiéndome y yo recojo, de nuevo mis miserias, froto mis lágrimas que brotan sin desmayo, y comienzo desde el principio… Así llevo tres meses, tres meses desde que anunciaron la crisis. Me atornilla nada más que siente que he llegado. A veces presiento que sus frustraciones las paro yo y me atiza con su soberbia como único camino de resurrección.

… Y no puedo más, Señor, no puedo aguantar más su presión, sus amenazas continuas. Lo poco que duermo, sueño con una sola palabra: mal.
Todo, según él, lo hago mal y yo siento como dentro de mí me voy rompiendo, cachito a cachito, y ya ni las conversaciones conmigo misma me estimulan; no puedo pegar mis cristales. He estallado en mil pedazos.

… Ya he llegado a mi parada. Patricia respira hondo. Total, diez horas se pasan en un suspiro. Son las ocho menos cuarto de la mañana; pronto llegarán las siete de la tarde y volverás a la vida.

Siete menos cinco de la tarde; veintiuno de febrero…

-Patricia, estoy arto de perder el tiempo contigo. Ni escuchas ni haces. Si no sabes, me voy a ver obligado a sustituirte. Se te olvida que tú, Patricia Fernández trabajas para mí, no yo para ti. No puedo estar todo el día enseñándote las cosas que ya te he repetido mil veces. Encima, ahora descubro que me engañas.
-¿Qué te engaño yo, Sebastián? Llevo diez años contigo y sabes que te he defendido, que he apoyado cada uno de tus pasos. Que he hecho lo que me has pedido y ahora me dices que te miento… No es justo, Sebastián, no es justo. – la voz de Patricia se ha apagado. Cae desmayada en su silencio.
-Ven para acá y mira esto, por ejemplo, ¿por qué me dijiste que estaba hecho si no lo está?
-Estaba hecho, pero a ti no te gustaba y lo he repetido siete veces. No he hecho otra cosa en todo el día.
-No sirves, Patricia, no me sirves.
La voz seca de Sebastián fue el arma arrojadiza que empleó Patricia en su defensa. Según pronunció Sebastián la última palabra, Patricia le soltó una bofetada en todo el rostro; él cayó hacia atrás, pero ella ni se volvió. Salió corriendo, mientras el llanto bebía su sangre. No sabe lo que pasó después.
… Sólo conoce una versión: el telefonillo retumbó a las tres de la mañana. Era la policía. Patricia era la principal sospechosa de asesinato. En la mesa de Sebastián encontraron una carta de despido, el nombre, Patricia Fernández.


Presente…

Hace Frío, tendré que pedir algo más de abrigo, ¿me lo darán? Lo que más me gusta de aquí es el silencio, no se oye otra cosa que el viento… ¡Ah!, escucha ahora, está lloviendo, lástima que no lo pueda ver con lo que me gusta la lluvia… En fin, no pienses más y céntrate en esta revista. Ocupa la mente, seguro que en esas hojas encuentras algo interesante.
Sigo leyendo el horóscopo “En el lado personal, éste será el momento de conocer a una persona muy especial que conquistará tu corazón”… No puedo continuar. Un ruido me ha sacado de mi concentración.
Levanto la cabeza y en la puerta de la celda está parado un extraño. Huele a hombre y sus ojos son francos, los dientes, blanquísimos.
-¿Patricia? ¡Hola! Soy Jaime Gómez, su abogado. ¿Podemos hablar?

4 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Bello me ah gustado como llevas es el relato, me invadió la imagen de Patricia al telefono...

lo que me intriga es si podemos encontrar a un abogado que sea franco y honesto, es posible que los haya no sé, de miles que conocí uno fue una imagen perfecta del abogado...

saludos un abrazo

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Dijo la victima: “Son las ocho menos cuarto de la mañana; pronto llegarán las siete de la tarde y volverás a la vida”...
Contra esta realidad ni la bofetada le salva. Menos mal que mi tocayo...
Noto a faltar la recreación literaria del pegar y vuelta a pegar de los cristalitos

Cristina dijo...

Brutal!!!!

Brutal!!!!

BRutal!!!!


De principio a final!!!

Uffff!!!! Me encantó...


Cristina

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Muy bueno, al parecer el horóscopo no mintió en esta ocasión. Espero que así sea con el abogado que llegó.

Me encanto tu relato Maria Ángeles
Un abrazo muy grande para tí