viernes, 23 de enero de 2009

SIN TÍTULO

Fui disparada a la cocina y cogí el cuchillo. Me quedé parada unos instantes mirándolo con codicia, odio, deseo… Después, lentamente, regodeándome en aquel momento, lo destapé. Mis labios babeaban, el pulso me temblaba hasta que, al fin, estuvo delante de mí tan desnudo de artificio que no me controlé más… Metí el cuchillo por el primer lugar y corté…, primero un pedacito, luego otro y otro y así hasta la media docena. Paré, seguía babeando como un bebé y decidí abalanzarme a la nevera, coger una botella y llenar una copa de vino fresco, espumoso, suave…
Con unos curruscos de pan, me senté en el suelo y observé mi botín antes que desapareciera en mi boca… Perdí la noción. Cuando desperté era de día. La cabeza giraba y giraba y a mi cuerpo le dolía cada milímetro de piel; sin duda era una resaca como Notre Dame de París de grande porque…, dios mío, yo tenía que estar en París y no en el suelo de la cocina de mi casa, tirada como una colilla, con dolor de estómago por el atracón de jamón de la noche anterior.
… No, no era sólo el jamón. Había dos botellas de vino vacías; mi ex marido me había convertido en una alcohólica. No, tampoco era ex, aún era marido que se había enamorado de una cajera de supermercado y... se había ido con ella.
Y yo comiendo jamón para olvidarle. Bebiendo para tragar penas… Ya no me quedaba sed de venganza, no me quedaba sino la lástima que sentía por mí misma.
Me levanté como pude y me arrastré a la cama. Me tapé y cerré con fuerza los ojos; gesto que hasta entonces me había servido para borrar aquello que me desagradaba, pero ahora no valía para nada.
Me los imaginaba en París, retozando en sábanas con olor a miel. Paseando por cualquier bulevar… Sonó el timbre; dejé que se desgañitara. Al fin se cayó y yo seguí torturándome con el infiel y la caja registradora. Me quedé dormida entre la impotencia y el eco del vacío.
Cuando desperté era de noche, me daba igual la hora. Sentía hambre.
Fui a la cocina y seguí comiendo jamón; así llevaba dos semanas… Olía mal. ¿Era yo, la casa, el jamón, la basura esparcida por cualquier lado?
Sonó el teléfono; arranqué el cable y me fui a la cama, pero no me dormía. A ver, cómo iba a tener sueño si llevaba quince días comiendo y durmiendo.
Comencé a tiritar. Tenía frío, estaba lloviendo y la ventana esta abierta. Entraba agua, me daba igual. No tenía fuerzas para levantarme, me encontraba mal, pero era incapaz de dormir más… ¡Qué mal olía!
De repente, oí unos ruidos extraños. Aún temblé más… Los ruidos insistían. Una puerta, pisadas y yo, cada vez encogiéndome más y más… Iba a morir, lo sabia, a manos de un vulgar ladrón… Me daba cuenta que no quería morir, al menos de esa formal vil e impuesta.
Oí una voz y con un gesto instintivo, me tapé los oídos, pero la voz cada vez era más aguda, angustiosa, pesada. No sé qué pasó después.

Dos años más tarde…

La vida se me antoja caprichosa, divertida, loca. Soy feliz. Lo voy pensando según camino por la calle. Acabo, por fin, de ser liberada; soy libre. He firmado los papeles del divorcio. Paco quería volver. Me decía que la pasión por la caja registradora se esfumó y a quien de verdad quería era a mí… Este paso lo tuve que dar antes, pero en el fondo yo le quería; he tardado en olvidarlo. Bueno, ya está, ya pasó.
… Recuerdo aquel día, dos años atrás cuando creí morir. Si no llega a ser por un vecino que alertó a los bomberos… Salía olor a gas por debajo de la puerta; debí abrir la llave.
Creo que el amor no me merece…
¡Tengo ganas de vivir!, lo pienso mientras sonrío y acaricio el bolso. Dentro está un billete a París.
La pena es que no me dejen llevar un jamón. Me hace mucha compañía y jamás me defrauda.

10 comentarios:

Alatriste dijo...

Y es que la vida sigue. Para bien o para mal. Espero que esa felicidad nos alcance a todos. Un bonito texto, lleno de esperanza. Me quedo con la sensación de que de todo se sale. Ojalá sea así. Un beso fuerte y feliz fin de semana.

Adolfo Payés dijo...

Es toda una delicia leerte, y ese placer que se siente al acariciar tus palabras escritas le dan un toque profundo al sentir el latir de tus versos en mi corazón..


muy hermoso..

un abrazo inmenso con el cariño de siempre

JAVIER AKERMAN dijo...

Apreciada Mª Ángeles:
La "jamonterapia" nunca falla y además es mucho más sana que el alcohol. Al leer la primera parte de esta entrada mi empatía me hizo sentir casi todos los síntomas descritos. ¡Menos mal que el final alegró mi espíritu!
UN beso.

goyo dijo...

Vas dejando copos de palabras por tus diferentes senderos, rubia.
Que buena mezcla de vino, amor, jamon, desengaños, querer morir, querer vivir.
Es impecable lo tuyo. Quisiera saber como te fue en Paris. Un beso

Isabel dijo...

Da muchas vueltas la vida, y a veces para mejor. Un beso

hatoros dijo...

Me gustó.
Cuando ocurre algo así, a mí los fantasmas vivos, no dejan de atosigarme.
Gracias por escribir.

El Señor de Monte Grande dijo...

Atrapantes tus relatos, un placer visitarte, seguire viniendo por aquí.

Un abrazo desde MG

calamanda dijo...

Los psiquiatras dicen que cuando se
pasa por una situación así es un duelo que suele durar unos seis meses más o menos dependiendo de la persona.Crees que te mueres y no
se sabe salir a flote. Dicen que es
cuestión de tiempo, pero sientes que estás metida dentro de un pozo
y te cuesta trabajo respirar, la
cabeza pasa las veinticuatro horas
pensando en lo mismo y crees que
te vas a volver loca.

Dicen que todo se supera??.
Otros en cambio dicen que cuando
una puerta se cierra, una ventana
se abre...

Un saludo.
CALAMANDA

Mayela Bou dijo...

No imaginas cómo me gusta tomar el café leyendo tus cuentos!
Un abrazo bonita!

Natalia Pastor dijo...

Como dice Isabel,la vida da muchas vueltas,como una noria, y los cambios suelen ser para mejor.
Saludos.