Vídeo promocional de Mujeres descosidas

domingo, 10 de enero de 2010

ENTRE KAFKA Y KANDINSKY

Estaba nerviosa, y no lo quería reconocer. Bueno, realmente estaba histérica. La cama llena de ropa y no encontraba nada apropiado para ponerme en esa cita tan especial. No quería defraudar, deseaba que fuera un éxito y estaba convencida que, como siguiera por ese camino, sería un desastre. Llevaba noches que, cuando me iba a dormir repasaba qué diría, de qué podríamos hablar. Nada de religión, ni de política. Por supuesto, insospechable comentar temas económicos. ¿Qué tal hablar de Kafka o de Kant por eso de empezar ambos por K? Pero yo nunca había hablado de esos hombres… Tal vez, mejor hablar de de Kandinsky, más neutro… ¿Y si la obra de este genio no gustaba?

Y así me pasaba las noches en vela o con pesadillas. Estaba claro que había dejado de ser yo por una maldita cita, o que a mis cuarenta y ocho años me daba cuenta de la cruda realidad: inmadura e insegura.

He mirado el reloj, me quedan dos horas. Lo mejor es que me meta en la ducha, me duele la cabeza.

Ha sido todo un acierto; el agua ha caído como chispas frescas sobre mi cabeza y, quizá, sobre mi cerebro. Ha limpiado las telas de araña y abierto las compuertas de los recuerdos. No hace tanto tiempo que yo también fui joven, queriendo merendarme un mundo sin fronteras, bebiendo el elixir de la vida…, sólo interrumpido por un tropezón. ¡Dios mío!, un traspiés que me ha traído hoy hasta aquí veintisiete años después.

Respira hondo, mira a ver qué hora es, estírate la gabardina, ¡maldita sea!, cómo llueve, ¿para eso me he gastado quince euros en peluquería?... ¿Y si le llamo por teléfono y le digo que…, qué le digo?

No, no sirvo para estas cosas. Ahora mismo me daré la vuelta y me iré. Lo que él haga me va a parecer estupendo, siempre ha sido así. Nunca hemos tenido problemas entre los dos… hasta que vi esas fotografías seis meses atrás. Se lo pregunté y se hizo el sueco. Más tarde se hizo el alemán hasta que en octubre me dijo la verdad. En su rostro no podía haber más ilusión y en su voz, más amor atropellado.

Total, no me quedó más remedio que aceptar lo inevitable, lo lógico, lo normal.

Es navidad. A veces llueve, otras, nieva. Es una época hermosa, entrañable. Él sabe que me gusta por eso ha esperado para hacerme este regalo tan especial.

Ya no seremos dos sino tres… Pero, ¿tres no son multitud? ¿Quién sobra, entonces, en esta película?... Creo que yo.

-Mamá, ¿qué haces ahí parada mojándote?- me han pillado, se me ha estropeado el peinado, se me ha corrido el rimel- Ven, entremos y te presentaré a Ana.

He entrado como una cordera al matadero y de esa guisa, he conocido a la novia de mi hijo. Una maldita cita que me ha quitado el sueño, puesto dolor de cabeza y que ha sido todo un éxito.

¿De qué hablamos? De todo y de nada. A veces se me escapaba el ramalazo de futura suegra, pero Ana es deliciosa. ¡Ah!, la gusta Kandinsky, y es una forofa de la obra de Kafka.

6 comentarios:

joselop44 dijo...

¡Estupendo! me has mantenido engañado hasta el final. Nos has copnducido de manera extraordinaria.
Un gran abrazo

Lely Vehuel dijo...

Siempre llego de visita diciendo hola amiga, hola amigo, esta vez llego diciendo hola hermana, hola hermano y tiene un sentido ademas de un porque, supongo lo decubriras de visita por mi blog. Tu sitio interesante y hermoso como siempre. Te espero para peregrinar algo juntos. Mucha luz hasta pronto.

Albino dijo...

Y resulta que era la noticia de tu hijo.....Hasta el último párrafo creí que era tu cita de amor, que bien te la mereces, aunque no quiero meterme en lios porque no se si tu corazón estará ya ocupado.
De todas maneras te envio un beso de felicidad.

José Antonio Illanes dijo...

Extraordinario. Admirable cómo cómo has conducido la trama en tan corto espacio y con tan pocos datos. Qué bien has mantenido la intriga. Me encantó. Un abrazo.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola María de los Ángeles: Como acabo de de llegar del hospital donde he pasado los últimos 16 días y mi enfermera jefe no me deja mucho tiempo solo paso para darte un fuerte abrazo y desearte mucha felicidad para este año que hemos estrenado, no me creas tacaño también para todos los años que el Señor te otorgue.
En el Amor a Cristo UN FRATERNAL ABRAZO
Cuando mi enfermera jefe me de más permiso me pasaré para ponerme al día con tus relatos

Bruno dijo...

http://esjatologico.wordpress.com
y http://ethymos.wordpress.com

Pásate y me comentas. Me gustó tu relato.