domingo, 31 de enero de 2010

LA CLAVE SE LLAMA PRISCILA

Pablo estaba al otro lado del teléfono haciendo una confesión.
Antes de dar el paso, estuvo meditando durante varios días qué diría, cómo enfocaría el tema, no deseaba hacer más daño, pero la cobardía en el fondo le oprimía no dejándole afrontar su grave problema.
Temía la reacción de Ana más que a un nublado; primero se callaría, bajaría la cabeza para evitar miradas que delataran la ira que sentía, sin duda se pondría a llorar y por último, una batería de palabras hirientes e inconexas saldrían de su boca.
A pesar de todo, ella había sido muy paciente con Pablo, es más, intuía que algo pasaba.
Al comenzar aquella situación extraña, Ana preguntó por el proceder de Pablo, no era el mismo desde hacía un par de meses, llegaba tarde, estaba distraído, salía de casa a horas intempestivas, pero él callaba, gastaba una broma y cambiaba de conversación, fue entonces cuando ella enmudeció, esperó u olvidó.
Pablo no tenía muy claro lo que ocurría dentro de la cabeza de Ana, conociéndola tan bien, llegó a un punto que no supo qué estaba pensando su chica, como le gustaba llamar a Ana.

Recordaba el día en que decidieron vivir juntos: previamente hablaron largo y tendido del tema, ambos tenían miedo de dar un paso en falso, que su relación variara, que la libertad de ambos se viera coaccionada y al final, se perdieran tanto los principios de uno como de los del otro. Sin embargo, estos temores fueron infundados y el tiempo demostró que eran seres maduros, permisivos y preparados para una convivencia. Jamás ninguno de los dos pasó la barrera de la intimidad personal, esa parcela que cada ser humano desea guardar para sí.
Los dos eran felices y nada en el horizonte ni próximo ni lejano hacía predecir nubarrón alguno que enturbiara su balsa de amor hasta que llegó Priscila, la clave o la causante del problema de Pablo.
Una tarde del mes de mayo al salir Pablo de la oficina, decidió volver a casa andando porque la primavera ese año era templada, daba gusto pasear. Emprendió el paso y no había andado tres calles cuando la vio por primera vez.
Se paró en seco y mirándola a los ojos con descaró, sintió que una corriente eléctrica recorría su cuerpo, pensó lo bella que era y deseo pasar inconscientemente la mano sobre su piel. A Priscila llegó un momento en que no pudo soportar descaro semejante y se dio la vuelta, dejando a Pablo con la boca abierta.
A raíz de ahí, surgieron varios encuentros hasta que Pablo dándose cuenta que necesitaba a Priscila a su lado, dio el paso definitivo.
Ocultaron su relación a propios y extraños, hasta que fue descubierta por una compañera de trabajo de Pablo. Ésta le habló sinceramente y haciéndole ver que si descubrían en la empresa lo que estaba sucediendo, tal como era la organización, como pensaban en RRHH sobre estas cosas, y las normas tan estrictas que había, podría quedarse sin trabajo.
Pablo se asustó, no se había parado a evaluar las consecuencias de su relación con Priscila, sólo pensaba en Ana. Al fin, logró centrar sus ideas y fue cuando tomó la decisión de encarar su futuro junto a Priscila, era consciente que lo hacía así o perdía todo.
Con mano temblorosa descolgó el auricular y cuando oyó esa voz tan familiar estuvo a punto de colgar, pero Priscila que estaba a su lado, no le dejó.
- Ana
- Dime Pablo, ¿qué pasa? ¿Por qué llamas a estas horas?
- he de decirte algo y sé que no te gustará
- espera al llegar a casa y hablamos con tranquilidad
- No puedo Ana, ha de ser ahora
- ¿Tan grave es?
- Sí, mucho.-Ana respiró profundamente para tomar el aire que la faltaba. Un torbellino de pensamientos le invadía porque sus temores no eran infundados y sus celos tampoco.
- Pablo ¿hay alguien más entre nosotros?
- Sí
- ¿ Desde hace mucho?
- Dos meses más o menos
- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- No podía, no sabía cómo decir esto que me abrasa, sabía que tu reacción no sería buena y oculté todo.
- Ya
- Ana ¿puedo ir a casa?
- ¿A qué?
- Quiero que la conozcas, comprenderás todo
- ¿Estás loco?
- Por favor Ana, una sola vez, luego, recogeré mis cosas y nos marcharemos.-Ana calló, el silencio era cortante, pero no podía evitar su mutismo, no sabía como reaccionar. Quería a Pablo, estaba enamorada de él y estaba a punto de perderle.
- De acuerdo, venid pero cinco minutos, no creo que pueda soportar más
- Gracias, ahora vamos.

Agarrando a Priscila, salieron los dos temblando, caminaban inseguros de sus pasos, ni se miraban para no traspasarse nada, era la hora de la verdad. Cada uno se encerró en sí mismo hasta llegar al portal, allí pararon y, Pablo con enorme ternura besó la cara de Priscila.
Subieron por las escaleras para dar más margen y al llegar al piso, en vez de abrir la puerta con su llave, Pablo tocó el timbre.
Ana no abría y los dos parados en el felpudo, no sabían ni qué hacer hasta que de pronto, la puerta chirrió y se abrió.
Ana estaba muda, sus ojos parecían órbitas fuera de contexto.
- ¿Podemos pasar?
- Sí.
Primero pasó Pablo y después Priscila. Ésta comenzó a mover su cuerpo con toda la coquetería que era capaz y mirando a Ana con ojos entre tristeza, simpatía e incertidumbre. Ana no paraba de contemplarla, sus sentimientos oscilaban hacia extremos sin poder controlar la situación.
Allí, delante de ella, estaba su seria competidora, la que durante dos meses había logrado acaparar la atención de su amado, la que estaba a punto de romper su relación.
Priscila intuyendo este remolino de sensaciones paró en seco y se puso delante de Ana, cortándole el paso.
Como una histérica, se puso a ladrar, hasta que se asustó de sí misma, entonces, enmudeció. Era la primera vez con sus cuatro meses de vida, que por su garganta salía el sonido de su especie perruna.
Ana y Pablo se echaron a reír sin parar.
Una Terranova de cuatro meses se había colado en la intimidad de una pareja, pero por las caras que ponían, Priscila movió el rabo intuyendo que era bien recibida.


5 comentarios:

bixen dijo...

Aun pareciendo fragmento de guion de telenovela, has sabido posicionarte desde la perspectiva del hombre. Dualidad simple y compleja, difícil de explicar; aunque se sepa.
(RR.HH.)

Lely Vehuel dijo...

Esas cosas que tiene la vida,hay que darles la bienvenida alas cosas buenas y lo demas dejarlo pasar.Hola, que hermoso este post, tu blog como siempre tan gentil de emociones, comparto siempre tus entradas, esta es muy especial.Hoy te visito desde Cuentos y Orquideas y quiero invitarte a leer un nuevo cuento llamado Rey Y Mendigo, espero que te guste.
Mucha luz y hasta pronto.

Juan Antonio dijo...

Maravilloso .La chica del CSI nos ha mantenido en la intriga hasta el final.Eres una artista.
Besos

Albino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Albino dijo...

Yo tambien tengo un Priscilo en mi vida, es de la raza pointer y su autentico nombre el Maky (en homenaje a Bertold Brecht). Fue nuestra hija la traicionera, pero se porta tan bien que lo hemos adoptado.
Y eso que eramos reacios a las mascotas.
Un beso