miércoles, 17 de febrero de 2010

FEBRERO

Sofía se frota las manos, sudan como si estuvieran bajo el sol de un agosto empalagoso, pero es febrero como cada año que pasa desde hace siete. Camina por el pasillo sin ver a nadie y eso que apenas se puede dar dos pasos. A esa hora de la mañana, como ella hay muchos que esperan su hora, tal vez de las últimas.

Sofía deshecha este último pensamiento, sabe, se lo dijeron desde el primer día que la actitud es fundamental para salvar las distancias que hay entre la esperanza y la muerte.


Su padre siempre la decía que hay más muertos por las calles que en los cementerios y que él si moría quería estar en un nicho aunque los gusanos se cebaran con él. Total, él ya no estaría allí para sentirlo. Sin embargo vivir sin ver la luz que amanece cada mañana, escuchar los pájaros del parque o pasear bajo la lluvia en una tarde de otoño…, todo eso sin sentir su sustancia era sencillamente estar muerto y los muertos en los nichos, no en las calles.


Este recuerdo de su padre la hizo sonreír. Él siempre tan práctico, directo, sin empaques ni escapularios. Vivir a su lado había sido de las mejores experiencias en la vida de Sofía. Aprendió en la simplicidad de las cosas, en la matemática de los sentimientos y en la química de las obras hechas desde dentro con la honradez como bandera universal.


Cuando hace cinco años se destapó el futuro de Sofía, su padre no pestañeó, tan sólo dijo “De ti depende”, y el de ti depende la había acompañado cinco años. Había momentos que se moría de miedo, que gritaba, que blasfemaba. Mientras, su cielo protector aguantaba el chaparrón hasta que caía desfallecida. Cuando despertaba allí estaba la mirada de su padre que, sin pronunciar palabra, la llenaba de vitaminas para dar un empujón más al futuro que a veces veía menguar de manera vertiginosa.


Comprendía que cada barrera que salvaba era un regalo y trataba de exprimirlo al máximo, pero hacía cuatro meses que su padre falleció repentinamente, el único que daba fuelle a sus alas para que volaran y hoy, este febrero fino y nevado era la primera vez que se enfrentaba a su prueba personal… sola. Aún no había aprendido a caminar sin muletas y aunque tenía veintiséis años, ahora, en aquel pasillo tan largo y siniestro, sentía cómo la soledad se apretaba a su pecho, se sentía desvalida, imberbe.


Cuánto la hubiera gustado salir con un chico…, se acordaba de Manuel; le dejó plantado. ¿Qué le podía ofrecer? Nada. Sin embargo, cada febrero, desde los últimos dos años se dice así misma “Sofía, decídete”, pero al menor síntoma desechaba la idea; la cobardía, para ciertos temas, podían con su actitud y aptitud.


-¿Sofía Benlliure?

-Sí, yo…- apenas un hilo de voz.

-Buenos días, Sofía, qué bien te veo.

-Gracias…-no podía decir más. Su garganta estaba seca, sus manos húmedas.

-Bueno, bueno, ¿sabes? Tengo excelentes noticias.

-No…

-¿Qué no te lo crees o que no las quieres saber?

-No sé, Doctor…

-Los análisis son magníficos y te vamos a retirar la mitad de la medicación, y a no ser que me quieras ver antes, ¿qué tal si quedamos de hoy en dos años?

-¿Tanto, Doctor? ¿Podré…?-No pudo continuar hablando, Sofía lloraba.

-¿Podrás qué, Sofía? Yo que tú, ahora mismo saldría de aquí y me enamoraría- terminó la frase con una estruendosa carcajada mientras lanzaba chispas de esperanza a Sofía. Y para ella comenzó la primavera a pesar de que fuera febrero y estuviera nevando.

7 comentarios:

José Ignacio dijo...

Largas horas de desesperanza.
Sofía Benlliure te deseo lo mejor.
Y a ti Mª. Ángeles también.
Hasta pronto

Juan Antonio dijo...

La vida abre una puerta y cierra otra ,andando por ella con un minimo de esperanza se puede conseguir mucho.Para la Sofia de tu relato lo mejor y que nunca olvide lo que su padre la quiso.
Un besote.

JULIO dijo...

NADIE MUERE DEL TODO EN TANTO ALGUIEN PIENSE EN ÉL.


SABER NO ES CONOCER; PERO RECORDAR ES VIVIR OTROS DÍAS DE VIEJO COLOR...


EL PADRE LO DA TODO SIN PEDIR NADA A CAMBIO; ES NOBLEZA DEL HIJO SERLE AGRADECIDO... HASTA EL ÚLTIMO SUSPIRO.


ERES COMO UN AMANECER DE PRIMAVERA: RADIANTE Y LUMINOSA.


POR TODO, QUE ES MUCHO, UN BESO MUY, MUY TIERNO.

calamanda dijo...

Una vez más pienso lo importante
que es abrirse a la vida, a la luz...y como me aconsejó un escritor amigo mío,también a la
palabra...Es un relato muy bonito,
siempre en todos hay algo especial...

Un abrazo.

Albino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carla dijo...

Que bello final! Me encanto este relato!

Albino dijo...

Sin duda alguna un amor intenso, y si puede ser apasionado mejor, es la medicina óptima para Sofía. Se ve que necesita una muleta espiritual y que al faltarle la de su padre, precisa la de otro hombre que la quiera, que la alimente, que la sostenga...y asi vivirá cien años.
cariño