sábado, 3 de julio de 2010

JAMÁS

El cielo comenzaba a disipar los espesos nubarrones de la tormenta. Un azul tímido iba despacio diluyendo las sombras en el jardín para reconvertirlo en un alegre y jovial espacio aderezado por los colores sólidos del verano. Por el equipo de música emergían las suaves notas de jazz mientras Pati ojeaba una revista muy interesada. En un momento dado la cerró e inspeccionó con curiosidad la portada. Al fin encontró lo que deseaba: la fecha. Desde que salió al mercado aquel ejemplar habían pasado doce años y estaba de total actualidad pensó Pati… Tanto como las paredes que la rodeaban, los muebles, los cuadros; todo en perfecta sintonía.
Estaba sentada en el único sillón que a sus treinta y dos años la invitaba a que no le abandonara. La espalda descansaba en la posición ideal. Al lado, una pequeña mesita con una lámpara que iluminaba delicadamente el entorno. Suspiró; no la importaría quedarse allí. Se daba cuenta que después de meses era la primera vez que sentía paz. No, aún no era capaz de pensar, pero sí era consciente de lo que la rodeaba, de su respiración acompasada.
Recordó que la noche anterior no se había tomado la medicación. Un leve temblor en el labio inferior delató el miedo a que el despiste fuera contraproducente para su evolución aunque lo irónico es que se sentía bien, francamente bien. Y es que una depresión, pensó Pati, es perderse por los pasadizos más insospechados de la mente humana. Perder la luz, olvidarte de quién eras o eres, según se mire.
¿Cómo empezó todo? Quién sabe. El caso es que su organismo se lo avisó. El insomnio, la fatiga, la angustia, los pies electrizados sin saber porqué, los despistes, el no entender de qué te hablaba la gente… Después continúo la desidia, el desinterés y, un buen día, estás delante de un extraño que te mira tratando de taladrar tu cabeza, investigando hasta una leve omisión de tu persona. Tú te dejas, no tienes voluntad y él una habilidad para hacerte hablar. Flecos, hileras de palabras fuera de contexto; todo le sirve para su investigación. Te da unas pastillas para que te relajes, otras para dormir y poco a poco te van anulando la poca actividad cerebral que te quedaba aunque eres consciente de que eres un títere en manos de un psiquiatra.
El tiempo se paraliza, ves como la vida sucede a tu lado a cámara lenta y cada vez te sientes más hundido, más triste.
Pati, en su sillón a modo de arca de Noé navega por esas leves reflexiones viéndose desde fuera, analizando lo qué hay dentro de quien está sentado en ese sillón.
Tenía todo y, sin embargo, su alma, la mente, su cuerpo, todos al unísono se rompió.
El padre de Pati, lo recuerda muy bien, pasó episodios similares… Tal vez fuera hereditaria la inestabilidad emocional y eso a Pati la dio tanto miedo que se levantó del sillón electrizada ante la posible consecución de los mismos pasos que su padre… ¿Lo recuerdas, Pati? La pregunta una voz irreconocible… “Tu padre se terminó suicidando. ¿Lo recuerdas?” La voz la vuelve a insistir en la pregunta mientras Pati sale a la calle; ha vuelto a llover. Siente como la lluvia va calando su ropa. El rostro está cubierto de lágrimas silenciosas que ruedan buscando un destino; el camino es un barrizal, los pies de Pati cada vez se hunden más en el fango… “Lástima lo que dejaste pasar” Insiste la misma voz…
-Pati, ¿te quieres levantar? Vas a llegar tarde a trabajar- la voz es machacona y Pati a penas puede abrir los ojos. Escucha como una persiana se levanta estrepitosamente- ¿No te encuentras bien?
-Sí, sí, ya voy.
Pati se incorpora lentamente y mira por la ventana. Unos rayos juguetones se cuela por la habitación y ella les sonríe… Ha tenido una pesadilla y mientras salta de la cama piensa que no será nunca un presagio aquel mal sueño; jamás se dejará vencer. Jamás.

2 comentarios:

José Ignacio dijo...

Siento la ausencia. Me estoy centrando en mejorar mi escritura. Estos últimos meses me he concentrado en este tema. Espero que a partir de ahora esté en mejor situación para visitarte.
Un narrador describe el entorno de Pati. Un día lluvioso, el salón iluminado por una lampara,la revista antigua. Un rincón protector.
A partir de ese punto el narrador se convierte en omnisciente y nos narra un sentimiento interior depresivo que es solo de Pati.
Un desenlace inesperado: ¿realidad, sueño?, ¿premonición?.
Pati no se va a rendir.
Me ha gustado. Vigila los leismos, laismos.....
Un saludo.

NOta:(por cierto "Compartimos" ha regresado al momento anterior de su nacimiento). Ahora queda "Opiniones y relatos".

Juan Antonio dijo...

Es tan facil traspasar la frontera de lo absurdo y dejarte llevar.Ojala todos nos llenemos de paz y no nos alcance la temida depre...