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viernes, 6 de agosto de 2010

DE PADRES A HIJOS

-Mamá… Mamá, ¿me oyes?
-Sí, hija, sí. My lejos… ¿Qué tal estás?
-Fenomenal, mamá. Nos estamos divirtiendo mucho. ¿Y vosotros?
-Bien, hija bien. Cada uno en sus cosas. ¿Qué tal hace?
-Muy bueno. Tal vez alarguemos la estancia unos días.
-Ya… No te gastes mucho dinero.
-Tranquila mamá, aquí la vida es muy barata. Te dejo, cuídate.
-¡Adiós, mi niña! Cuídate tú también. Adiós, adiós…
Anselma aún se quedó unos segundos con el auricular en la mano. La hubiera gustado decir a Isabel muchas cosas, pero sabía que las conferencias eran caras y su hija había estado ahorrando dos años para hacer ese viaje y quería que lo disfrutara al máximo. Ella con saber que estaba bien era suficiente. Pero sí, la hubiera gustado contarle muchas cosas, su hija la escuchaba, era tan buena chica… Sin embargo, no quería preocuparla y menos a miles de kilómetros de casa. No cuando volviera ya le contaría sus penas. ¿Para que la iba a contar que a Arturo, su hermano, le había echado del trabajo por pillarle con las manos en la caja? Anselma fue a suplicar a don Casimiro que no echara a su hijo, que tuviera piedad de él ya que necesitaban el sueldo, y que entendiera que había sido una chiquillada. Pero no entró en razón. Es más, Casimiro confesó a Anselma que no era la primera vez. Ella se quedó sin habla. No comprendía que su hijo, un chico tan formal se le fueran las manos en el dinero ajeno. Nunca se quedaba con el dinero que ganaba. Puntualmente el uno de cada mes entregaba el dinero a su madre y ella le daba propinillas para que saliera con los amigos. Llegaba temprano a casa, ni una mala contestación, ni borracheras. ¿Entonces?
Anselma meneo la cabeza. Ya lo decía su difunto Pedro “Ansel, a los hijos nunca se les llega a conocer” Claro que ella pensaba que a los padres muchas veces tampoco. Porque, ¿cuántas veces dijo Anselma la verdad a sus hijo, como por ejemplo que su padre era un alcohólico? Jamás. Siempre lo tapó, ocultando a sus hijos la verdad para que estos no perdieran el respeto a su progenitor.
Y ahora no les decía lo enferma que estaba. ¿Para qué, para que sufrieran inútilmente? Un día cuando las fuerzas ya no pudieran continuar se moriría sin hacer ruido, si hacer sufrir a sus hijos para nada.
Isabel caminaba terreno abajo; iba llorando. Cuando llamó a su madre. Quería decirla que su novio se había largado llevándose todo el dinero consigo, hasta los billetes de vuelta y la documentación y, ahora, se veía atrapada en un país tercermundista sin saber por dónde tirar. Ella sabía que Gerardo no era trigo limpio, pero nada más que se le presentó su hermano, se coló de él hasta las trancas; era superior a sus fuerzas. La dominaba cuerpo y mente estando a su libre albedrío día y noche. Sufría, pero luego le perdonaba. Arturo, su hermano, un machista, putero y drogadicto- sin que su madre sospechara absolutamente nada de la doble vida de su hijo- la decía que Gerardo era lo que la convenía. Era demasiado sosa e ingenua y, un tipo como él, la espabilaría.
¿Por qué se había fiado de ellos dos, Dios mío?…
En la lejanía, cae el día y dos mujeres se atrincheran para no hablar, para no hacer daño la una a la otra. Gerardo se come las uñas. Demasiados remordimientos que no le dejan vivir. Su madre es sagrada, su hermana una bendita, pero a ambas las ha engañado.
Anselma reza, reza el rosario con fervor pidiendo a su Dios que sus hijos no sufran, que sean buenos chicos. Una punzada de dolor en el costado la corta la respiración. El teléfono suena pero no puede cogerlo, el dolor hinca el diente en sus carnes hasta que sus ojos quedan en blanco.
Mejor, se ha ido si saber que sus hijos eran otra cosa.

2 comentarios:

PIZARR dijo...

Caramba Mª Angeles, mientras leia las cuitas de esta familia, pensaba en que la vida es exactamente así... cuantísimo callamos a nuestros hijos para no dañarlos... cuantísimo hemos callado cuando eramos hijos, tanto seguramente como nuestros hijos nos ocultan hoy a nosotros.

Me han gustado mucho tus letras

Un abrazo

Miriam dijo...

Tanto amor en tanto silencio.
Precioso post, triste y a la vez conmovedor
REal como la vida misma
Gracias