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jueves, 10 de noviembre de 2011

CARTAS A UNA AMIGA: I

Buenos días “Reinona”… Las diferencias entre tú y yo son notables; tú creces hacia dentro iluminando los pensamientos en la soledad que tanto te gusta. Yo, por el contrario, tejo palabras que extiendo por este mundo confuso de Internet con la necesidad de compartir. Letras encendidas que se desvanecen en cuanto piso tierra firme. Entonces, el pensamiento queda flotando en aquel amago sudoroso y enardecido de una idea, un dolor, un enfado…
Hoy, por ejemplo, el tren ha rozado las cumbres de una sierra; comienzan a estar blancas y, en la cima, te he visto mirando con ojos de lujuria a esa nieve. Después, tus ojos se han perdido en la nostalgia mientras yo recordaba tu pregunta tímida, sabiendo de antemano la respuesta “Este año no podré esquiar, ¿verdad?” Y he escuchado mi voz en la lejanía “No, seguramente no. Tus esquíes permanecerán en un oscuro rincón del armario esperando. Te tendrás que conformar con paisajes enlatados. Recuerdos de tus pies volando por la nieve o, bien, historias que te cuenten otros. De seguro que abrirás tus oídos para paladear cada rima que te canten y sonreirás complacida.
Eres de buena pasta amiga, y sabrás adaptarte al tiempo que te toca vivir y, mientras  los rayos queman tu mal, tu mente estará en esas cumbres nevadas esperando su turno para volar y bajar por la pista inmaculada de tus deseos; ya sabes que eres muy ordenada y, en la estantería de tus recuerdos y sueños, sabrás dónde buscar y arañar lo que amas para ser fuerte y recorrer y recorrer los campos hechizados de blanco.
No duelas, todos estamos comprometidos aunque no lo sepamos. Tú tienes la suerte de conocer ese futuro inmediato que con dulce y callada resignación afrontas.
Y te contaré una intimidad: contigo vuelvo a aprender a rezar y cada noche, antes de apagar mi vuelo, instintivamente me agarro a tu mano. Miro a Dios e imploro fuerza; las tres lo necesitamos y sé que juntas con ayuda divina sabremos poner una sonrisa, un punto y coma para seguir volando, un silencio para descansar y un beso para coser nuestros anhelos.
No sé por qué, pero he pensado en la pasión del Señor, el Vía Crucis que has comenzado y lo más hermoso que he visto en este pensamiento es la polvareda de corazones que siguen tus pasos animándote a llegar a la cumbre desde donde descenderás con tus queridos esquís.
Y mientras esperamos que el sol achique tu mal, sonríe, vive cada minuto como si fuera el último.
Un beso

1 comentario:

Victoriana Díaz dijo...

Eres una gran amiga. Es estupendo el contar con gente así que te de ánimo cuando mas lo necesitas.
Seguro que tu amiga disfrutara de la belleza de la nieve de su brisa aunque tenga los esquiés en el rincón.
Nunca se sabe lo que un nuevo amanecer le puede deparar. Le deseo todo lo mejor.
MI ABRAZO