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sábado, 9 de febrero de 2013

EL MUCHACHO CON PIES DE ALAS



 …Es risueño, aunque prudente. Jocoso, pero discreto. Hombre con alma de niño y una inocencia encomiable.
De sobra sé que, a pesar de su juventud, está de vuelta de muchas cosas y, en otras, se hace el gallito, tal vez para disimular sus carencias (todos las tenemos), pero insisto que es un buen muchacho a la par que entrañable; le miro de hurtadillas, y mis ojos se llenan de amor.
Goza de un estatus que muchos de los mortales no conocemos y, quizá, marchemos de este mundo sin saber qué es. Él conoce esta fortuna añadida, y trata de disfrutar al máximo de ella y, como añadidura, es consciente que debe aprender todo lo que pueda mientras anide en él, y esta suerte le sonría.
De todas formas me gustaría que supiera que estas circunstancias beneficiosas son pasajeras, vulnerables y muy susceptibles a la transgresión…
Mientras tanto le rodea una mañana hermosa de un domingo primaveral. Como siempre hace, se dispone a correr a primera hora que hace más fresquito; le avisan que puede correr por los montes del Pardo (*Está considerado como el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid y uno de los mejor conservados de Europa, tanto en lo que respecta a su flora, con 120 especies catalogadas, como a su fauna, con aproximadamente 200 especies vertebradas.1 Se extiende alrededor del curso medio del río Manzanares, a lo largo de 16.000 hectáreas, considerado como uno de los principales pulmones de la ciudad de Madrid, (conejo, perdiz roja, paloma torcaz...) como mayor (ciervo, gamo, jabalí... El Monte de El Pardo también reúne poblaciones de aves de presa de gran interés ambiental, caso del águila imperial, el elanio y el búho real, además de otras aves como urracas, buitres negros y picapinos. El Monte de El Pardo cuenta con árboles centenarios, como el caso de dos olmos, a los que se les atribuye una edad de 200 años, situados junto al río Manzanares. También se encuentran alcornoques de grandes proporcione)
Se entusiasma porque, aunque no es la primera vez que tiene la suerte de correr por allí, sabe que es un enorme privilegio… Avanza entre pinos mudos, caminos silenciosos, y una belleza natural lejos de la visualización de cualquier simple mortal.
El muchacho avanza a buen ritmo, ahora el camino se ha tornado estrecho y ensortijado oliendo a tierra recién regada por las nubes. De pronto, a lo lejos, otea un ciervo
 y su corazón comienza a palpitar a una frecuencia incontrolable; el ciervo no se mueve, y le mira fijamente como si estuviera midiendo sus posibilidades frente al enemigo… Aparece otro ciervo, es hembra y el muchacho aminora el paso… Entre los pinos aparece un cervatillo, el chico sonríe y piensa “Una familia” Y sus zancadas se van acercando al grupo, y el muchacho tiembla, tiembla de miedo, y a la altura de los ciervos aprieta la marcha, huye… También los ciervos huyen despavoridos.
El chico para, recupera el pulso, la respiración y sonríe, sonríe satisfecho pensando ¡Qué espectáculo más maravilloso acabo de vivir!
Reemprende la marcha, a lo lejos corren ciervos y entre sus zapatillas cruzan conejos. A sus pies les crecen las alas mientras su ánimo se prepara para el siguiente maratón porque su vida es así: llegando a la meta cada día con una voluntad de hierro.

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