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martes, 31 de mayo de 2016

ASÍ ES LA VIDA

A Fermín le acaban de despedir; trabajaba en una empresa pequeña de reparto, pero las grandes la han comido su mercado. Fue un goteo de despidos y, el último, el de Fermín. El dueño, un buen hombre, trabajador, honrado con su gente, hizo malabares para que su negocio no se fuera a pique. Fermín, por no cobrar, no va a cobrar ni la indemnización que le correspondía por veintiséis años de trabajo en “Transportes Mellado”. Camina cabizbajo reflexionando, tratando de entender lo que ha de hacer en sus pasos siguientes. Encima ahora que llega navidad… A su chica la despidieron en el mes de septiembre; Natalia tuvo más suerte ya que la dieron seis mil euros y hasta el último atraso de sus nóminas.
Llevan viviendo juntos diez años,  y era ahora cuando comenzaban a hacer planes de futuro… Los hijos, un matrimonio pasado por el ayuntamiento, un viaje de novios a Lanzarote… Cosas sencillas que hasta ahora no habían podido por sus circunstancias personales… Que si la madre de Natalia, que si los padres de Fermín, el paro de los dos hermanos pequeños de Fermín, vamos, los dos manteniendo a sus familias hasta que a principios de año los padres fueron cayendo como rosquillas y los hermanos encontraron, al fin, trabajo en unos supermercados. Sí, ahora era el momento, pero a Natalia se la va a pasar el arroz porque la han dicho que con treinta y siete años es premiparañosa y a Fermín con cuarenta y cinco sus espermatozoides no tienen fuerza. Todo esto se lo han dicho en la SS después de once meses de pruebas y las consiguientes esperas para los resultados.
Total, qué más da, piensa Fermín mientras camina rumbo al piso alquilado desde hace unos meses cuando vieron la oportunidad de tener piso propio sin necesidad de vivir cada seis meses con la madre de Natalia, o los padres de Fermín. Una casa nueva en una barriada joven a las afueras de Soria… Y menos mal que no se metieron a comprar casa ya que les asustaba eso de las hipotecas. Natalia y Fermín no tienen estudios, no saben de casi nada, y tenían miedo de que les engañaran. Gracias a ese temor ahora no tienen el apretón de la hipoteca, pero ¿por cuántos meses podrán pagar el alquiler? De momento, sigue reflexionando Fermín, lo mejor será que dejen esa casa y busquen una vieja, esas son más baratas y, si no tienen ascensor, más.
¡Lástima!, se dice Fermín, que el vestido de Novia de Natalia, comprado en segunda mano por internet, se vaya a pasar de moda, con la ilusión que la hacía a Natalia ser la novia por un día lleno de tul e ilusión ¿para qué? Es mejor tener los pies en la tierra porque, a los pobres, soñar es inútil y un desperdicio de tiempo. Y ahora, ¿cómo se lo cuenta a Natalia? Fermín ha callado sus circunstancias a Natalia. Desde que ella fue al paro, Fermín omitió que él iba por el mismo cauce porque ella, a pesar  de quedarse sin trabajo, tenía ilusión por eso del casorio y formar familia ¡pobrecilla!, no sería él el osado que amargara a la flor de su vida.
Fermín ya ha llegado a casa, pero se para en el portal; se fumara un cigarrillo y subirá a rasgar la ilusión de Natalia… “Tal vez si volvieran al pueblo”, piensa, “Allí la vida es más barata y, además he leído que la gente vuelve al mundo rural en busca de alguna oportunidad… Acuérdate el otro día que leíste que ingleses y chinos están comprando pueblos abandonados, algo dejarán para los demás…” Fermín apaga el cigarrillo, lo aplasta con rabia y llama al ascensor.
-¿Natalia?
-Sí, Fermín, estoy en el baño ahora salgo, tengo que decirte una cosa increíble…
-¿Increíble dices? Sal y siéntate que te cuento lo mío.
-Ya estoy aquí… Fermín, Fermín, déjame hablar a mí primero, ¿vale?
-Venga, va. Dime…
-¡Estoy embarazada!- Fermín mira el rostro radiante de Natalia y sin saber el porqué, lágrimas mudas ruedan por la cara desolada de Fermín.
-¿Estás contento?
-Mucho, mi vida, mucho… Tiene gracia, vaya pruebas de mierda que nos han hecho para decirnos que si tú eres una cual y mis espermatozoides otros cual…
-Bueno, y tú, ¿qué me tienes que contar?

-Pues que…- Fermín enmudece buscando palabras que no salen hasta que…- Natalia, que he pensado que debemos volver al pueblo, allí la vida con un niño es más sana, ¿no te parece?

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