miércoles, 16 de abril de 2008

EN PRIMERA PERSONA

El tiempo deja en la piel del alma unas muescas grabadas en fuego de sudor, lágrimas y vacíos. Es difícil superarlas. Tallan el carácter con el que te enfrentas a un futuro imperfecto. Modelan los gestos y expresiones del espíritu que baña tu conciencia y, la etiqueta que embala tu presentación ante el mundo, va ceñida a esas pequeñas muescas adheridas a las paredes del corazón…

José, mucho pienso en ti.

Tu recuerdo no hace daño, el tiempo posó toda sensación dolorosa, pero no borró esa pregunta que deambula, cuán fantasma, en mi cabeza a cada instante que vivo… ¿Por qué tú y no yo?
Tu partida fue un hecho, estaba cantada, pero no por eso menos brutal. Ese día, pensé cómo la justicia se evaporaba a mil abismos injustificables.
Como tú, todos los días se escapan centenas de vidas, pero esas existencias sin desearlas ningún mal, a mí no me importan, sólo tú.

Nueve meses separaban tu nacer del mío; nada más medía esa distancia si no fuera por nuestros destinos dispares.
Crecimos en aguas distintas, entre vivencias opuestas y eso nos marcó.
Quizá, el estigma decisivo fue aquella mañana de un invierno castellano, cuando tú corrías feliz y seguro ante un mundo nuevo lleno de posibilidades. Yo, sin saber por qué, amanecí más enferma de lo habitual en mí. Los médicos no acertaban a saber qué podía pasar a ese ser tan pequeño y frágil, pero de él la vida se escapaba.
Todo estaba preparado, billetes, maletas, todos en fila.
Tú mirabas ilusionado la partida de los demás, no volverías a ser un número más en una lista que se reproducía cada nueve meses.
A partir de aquel día crecerías arropado, lleno de ternura y calor. Tu ropa dispuesta cada mañana y la ducha al atardecer. Alguien te cogería cada tarde la mano en un apretón y, del colegio, te guiaría al hogar.

Pero fui yo quien torció tu destino. Mi billete al mundo de uno más fue, en cuestión de horas, designado para ti.
Tu llanto era imparable y, sin remedio, viste como se alejaba un sueño junto a tu bicicleta azul.
Volviste a la vida de siempre, yo a un mundo mejor.
Cada año, nos reencontrábamos, íbamos creciendo y cada vez algo más nos separaba.

Yo tuve todo, tú nada tuviste. Y, en esa nada, un buen día, te empeñaste en encerrar el resto de tus horas. Primero, dinero fácil, te gustaba dar y compartir. Luego, necesidad, no era sólo cuestión de monedas, sino de apetencias constantes, sensaciones que cada vez duraban menos. Así, un circulo vicioso en tu pasar, hundiendo vidas como la tuya.
Mientras, todo en mí sonreía al caminar, no sabía ni de dolores, penas o carencias.

Un día te encontré, tu mirar no era ya azul como el mío. Era turbio, huidizo y esquivo, pero fuiste capaz de agarrar mi mano con tal fuerza que transmitiste a mi corazón el silencio de tantos años. Volví a ver esos ojos que amaba. Una efímera sonrisa iluminó tu expresión... fue la última vez.
Una mañana de invierno, encontraron tu cuerpo entre cartón y basura; en la mano, tu última jeringuilla. El galope fue demasiado fuerte.

Hoy, mis pasos fueron por un camino de cipreses en tu busca.
Allí estabas acompañado de madre y María, nuestra hermana. Los tres silenciosos escuchasteis mis palabras reconciliándome con la fortuna que me tocó vivir frente a la muerte que te persiguió, José, hasta que te meció para siempre en sus brazos.

Pequeñas muescas en la piel del alma que, para unos, son el revulsivo para echar alas a la vida y, para otros, es cavar la fosa de la que no querrán emerger… Yo viviré por los dos.
Busqué la sombra de vuestra cama, me arrodillé y pedí perdón... Después, una lagrima resbaló.

Al fin estaba en paz.

5 comentarios:

Jaume Canals Lanacemia dijo...

¡Que decir!, no fue ni en Sevilla, ni en la India… Fue en un pueblo de Castilla donde la muerte de un hermano se firmo al entrar en un laberinto circular.
Deseo que descanse en paz.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenos días Jaume: Pozí, ni India ni Zevilla. Ordenando chismes encontré este relato y lo subí.
Me voy a Valladolid ahora, pero mañana me dedicaré a visitaros a todos y leeros y ya, de paso, subiré mis chismes.
Por cierto, el relato de la India, te dije que le estaba escribiendo, no está terminado, Es un culebron y no todos los días tengo la mente para seguir dilucidando culebras jajajaja
Un besote y buen finde

Olga S.Isidro dijo...

En cuanto a este tercer blog, antes de opinar, voy a darme un tiempo para leerlo detenidamente.
Un saludo.

Olga S.Isidro dijo...

Con tu permiso, pondré tu link en mi blog.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Olga... tómate el tiempo que quieras.
Gracias por tu visita.
Un saludo!!