jueves, 1 de mayo de 2008

LA DELGADA LÍNEA NIPONA

Mi madre sostenía invariablemente que la vida es el arte de ver más allá de las apariencias; nuestra existencia es una obra de arte que pintamos cada día que transcurre sobre nuestras horas perdidas. Muchas veces está recubierta de miedos, culpas, indecisiones y complejos.Fingimos ser fuertes para que nadie atisbe nuestra fragilidad, hasta que llega algo o alguien que nos rompe el corazón; desarma nuestro caparazón defensivo y nos mostramos tal y como somos: seres imperfectos, llenos de contradicciones y deseosos de no ser lo que somos, de aceptarnos y que nos quieran con todas nuestras limitaciones.

… Yo era una mujer moderna, de esas que por encima de todo estaba su independencia. Mis estudios me habían llevado al triunfo profesional, que en vez de hacerme humilde, mostraba ante los ojos de la gente, la parte más oscura de mi yo eternamente engreído.Nadie conocía más que yo que muy dentro de mí lo que había era una lucha titánica por no parecerme a la esclava de mi madre. Jamás tuvo una vida propia y vivió para los demás sin pedir nada a cambio.Los años pasaron y mis amistades se fueron perdiendo en otras vidas, más familiares y muy aburridas para lo que era en aquel entonces la existencia para mí.Tenía amantes esporádicos que satisfacían mis necesidades sexuales, pero lo que es una relación más seria, nada de nada. ¡Qué horror!, no estaba dispuesta a compartir mi cama ni a lavar unos calzoncillos, y menos soportar las frustraciones de otra persona. Con lo mío ya tenía bastante.

Recuerdo aquel día muy bien. Era el mes de marzo y la primavera en ciernes estaba a punto de dar su estallido colorista cuando sonó el teléfono. Era mi amiga Carmen que se iba a acercar a la embajada nipona para conocer los pasos que debía dar para adoptar una criatura. Llevaban tiempo intentando tener hijos, pero todos los esfuerzos habían sido inútiles: Raúl al final resultó que era estéril.
Un amigo común les comentó que en China era bastante fácil adoptar un niño… Así transcurrieron dos años y la burocracia continuaba su curso. La desolación comenzó a hacer mella en sus ánimos hasta que un compañero de Raúl les sugirió que se acercaran a la empajada Nipona y preguntaran por Kondô Motohiro, él les informaría.Como su marido no podía ir aquel día, acompañé a Carmen; todo el trayecto hasta llegar a aquella sala y ver el personaje tan extraño que nos recibió no paré de decir la locura que iban a hacer y si aquello salía bien, su libertad, su independencia y tranquilidad terminarían para siempre. Todo fue inútil, no me hizo caso e hizo bien ignorar mis imprudentes palabras.

El japonés aquel tenía pinta de mafioso, algo indescifrable me hacía pensar que el hombre no era legal; hablaba correctamente el español, pero su tono era muy quedo y misterioso. Comentó que en tres meses podrían ir a Japón a por el bebé, siempre y cuando hubieran ingresado en un número de cuenta de un banco en París la insignificante suma de 36.000euros… ¿Era aquello normal? Pues no. Carmen no pensaba, se limitaba a rellenar papeles como una poseída, no por el diablo precisamente sino por aquel enano japonés.Todo estaba plagado de anomalías, pero incluso Raúl, que siempre le consideré un hombre sensato, en esta ocasión desoyó mis alegatos; hizo bien… ya les diré por qué.Pasaron dos meses desde aquella entrevista, y mis amigos no había vuelto a saber nada del señor Motohiro hasta que recibieron por correo certificado unos papeles muy bien sellados; todo aparentaba ser de lo más normal y legal. Iban acompañados de una nota manuscrita en la que indicaba que era el momento de ingresar el dinero.

Estaban cegados por la emoción, no por aquellos papeles sino por el contenido de un pequeño sobre que iba adjunto al resto del envío.Fui a su casa y al abrirse la puerta topé con cuatro ojos que no cesaban de llorar; yo, no comprendía nada y todo me sobrepasaba.Tiraron cada uno de mis brazos hasta sentarme en el sofá y con gran ceremonia me dijeron:

- Sofía, te presentamos a nuestra hija Jia Li Chang.

Desde aquel día, no he dejado de llorar; no sé si por simpatía hacia mis amigos, o porque aquel trozo de papel en el que se veía reflejada una carita redonda como una sandía había descubierto que yo era capaz de tener un sentimiento más allá de mi misma.

Faltaban dieciséis días para que Carmen y Raúl se embarcaran en la aventura más importante de sus vidas cuando sucedió el imprevisto más cruel que la vida nos puede dar. Aquella noche salieron a cenar con unos amigos, era viernes y el restaurante escogido estaba a las afueras de la ciudad; todo transcurrió bien hasta que apareció aquel stop y un borracho se lo saltó.En aquel instante, el coche de mis amigos pasaba a la velocidad reglamentaria, pero de nada sirvió; un loco no paró y se llevó el coche por delante.Una llamada de Patricia, hermana de Carmen, me despertó a las diez de la mañana: Raúl y Carmen habían muerto.Los dos días siguientes fueron de autentica pesadilla; nada parecía real y la sensación de estar flotando era constante. Llegué a pensar que si me dormía, cuando despertara, todo volvería a la normalidad, simplemente era una jugarreta de la imaginación, pero no, aquello era más verdad que la vida misma.

Al quinto día, fuimos todos ya conscientes de lo inevitable y mi obsesión era pronunciar “Jia Li Chang”Hablé con los hermanos de Carmen; ellos deseaban entrevistarse con el enano japonés para que les devolviera el dinero, nadie mencionaba a la niña: dinero, dinero y dinero, eran sus únicas palabras.

Como era de esperar, el enano mafioso dijo ¡Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita!Nadie quería a la niña; yo cada vez más encendida. ¿Qué era más cruel, desaparecer dos vidas o abandonar a la suerte a aquella criatura? Todo era horrible, la verdad.Las ganas de denunciar al japonés eran enormes; el instinto asesino de estrangular a la familia de Carmen iba en aumento, pero por encima de aquello estaba un niño indefenso que, si no hubiera sido por los designios del Todo Poderoso, esa criatura hubiera crecido rodeada de amor y calor… ¿Qué hacía yo pensando semejantes cosas? Sin duda, me había trastornado, pero ya no había marcha atrás: les daría los 36.000€ y me quedaría con la niña. ¿De dónde sacaría el dinero? El tiempo lo diría.


Sin darme cuenta, me vi subida en la mejor aventura de mi vida…Conforme el avión se aproximaba a mi destino, empecé a sentir un crujir en el estomago; por la ventanilla veía luces rojas, azules y doradas que se perdían en el infinito y yo me preguntaba, ¿en alguna de esas luces estará esperando mi hija? Pronunciar esta palabra me llenaba de una emoción difícil de describir, así que se pueden imaginar lo que hice en aquellos momentos tan cruciales: llorar.

El avión aterrizó y el país de los contrastes, el imperio del sol naciente me dio la bienvenida. Kyoto es quizá la ciudad que mantiene casi intacto el espíritu nipón, su esencia y cultura. Tuvo la suerte de no sufrir muchos bombardeos en la Segunda Guerra Mundial; por ello, los templos, palacios y edificios más representativos se mantienen en pie.Casi no me había dado tiempo a leer nada de aquel país, pero lo que son las cosas en la vida: lo poco que pude, me caló muy dentro.Al llegar al hotel, me dieron un mensaje: al día siguiente un tal Veno Mizuka me pasaría a recoger a las nueve de la mañana. ¿Sería hombre o mujer? Miré el reloj y faltaban exactamente veinticinco horas para el encuentro. ¿Qué podría hacer mientras tanto?

Cogí un mapa en inglés que estaba en la habitación y me fui a recorrer la ciudad en bicicleta ya que es una ciudad muy plana; iba muy despacio no sé si por temor a perderme, por el placer de deleitarme, vieja afición viajera, o por sentirme “Gaijin” una completa extraña en aquella ciudad donde se combina la modernidad y el pasado de una forma exquisita.Veía a mujeres con sus kimonos arreglando diminutos bonsáis que adornaban la entrada de sus casas, una geisha que se dirigía presumiblemente a una cita; visité el templo Chion-in que posee la campana más grande del país. Camine con la bici en la mano por entre los numerosos canales y pintorescas calles. Entré en un “Izakaya” especie de Púb japonés donde presencié la ceremonia del té, y vi como el sol retornaba a su ocaso sentada en uno de los jardines más bellos que mis ojos hubieran contemplado jamás a la orilla del río Kamo.

Al anochecer, exhausta retorné al hotel; después de la ducha me acomodé encima de la cama. Sentía una tranquilidad, una paz en mí, inauditas.Hice un balance mental de los últimos acontecimientos en mi vida y puedo asegurar que exceptuando el dolor que sentía y que sentiré siempre por la pérdida de Carmen y Raúl, no me arrepentía de nada; con serena calma afrontaba un futuro incierto y desconocido, lejos de lo que estaba habituada, donde el orden imperaba no sólo en mis armarios, trabajo, amigos, sino también en mi cabeza donde nunca se halló la improvisación, acto que a partir de mi decisión, regiría el resto de mi vida.

Las vivencias a veces nos presentan unos enigmas descifrados que sorprenden incluso al más versado sobre sí mismo.Crees conocerte y no es así; un buen día destapas “La caja de Pandora” y alucinas viéndote delante de un espejo que eres un extraño, un extraterrestre que se ha colado en ti sin permiso de admisión.

Descubres una faceta que ni por asomo sospechabas que tuvieras: yo descubrí la ternura más dulce y merengosa que una persona puede tener. Lejos de darme asco, me deleitaba con y para ella.El día había llegado; desde las cinco de la mañana estaba despierta, dando tumbos por la habitación; miedos, dudas se agolpaban a las puertas de mi mente. Numerosas preguntas que me hacía, caían en el vacío sin respuesta. ¿Me vería la niña muy vieja para ser su madre? ¿Me vestiría al estilo oriental u occidental para que ella extrañara menos?

¡Maldita sea! Toda la vida sabiendo que debía hacer en cada momento y ahora estaba perdida en un mar de nervios, como si tuviera quince años y estuviera esperando mi primera cita.”Tienes treinta y seis años idiota” me decía para que espabilara, pero para lo único que servían estas palabras despreciativas hacia mi misma eran para una cosa. ¿Lo adivinan? Sí, para llorar aún más y más.Jia Li Chang significa buena, bella y libre. En el centro del hall se hallaba muy erguida una mujer baja, hermosa, diría extraordinariamente exquisita , vestida con un kimono bordado con pavos reales y en su mano derecha sujetaba la flor más linda que jamás había visto: mi hija.Desde el primer instante supe que era ella, mi instinto maternal me lo decía claramente “Sofía corre a estrecharla entre tus brazos”, pero no, me quedé clavada en el suelo, los músculos agarrotados -cuánto deseé en esos momentos tener un hombre a mi lado, deben de ser buenos para esos momentos.Una timidez nada mía me invadió al puro estilo Made in Japan; fue ella quien se abalanzó sobre mí. ¿Tan listos eran los niños que adivinaban e intuían?… Después de los primeros instantes de estupor, nervios y sorpresa, en los que Veno se mantuvo a una distancia prudencial para que Jia Li Chang y yo tuviéramos nuestro primer contacto más o menos íntimo -todo el hall del hotel nos había hecho corro y nos miraban con unas sonrisas comprensivas que me pasmaron.Sus modos y formas eran tan distintos a los del enano mafioso que ardía en deseos de preguntar a aquella mujer si todo lo que estábamos haciendo era legal; como era de esperar, me confirmó que a medias. Como ya sabía, la burocracia era muy lenta y había familias que, o las ayudabas rápidamente, o el gobierno les quitaría lo poco que tuvieran. El dinero que pagamos, parte era para ir comprando a unos y a otros, y el resto sería donado, una pequeñísima cantidad a la familia, una vez pagadas todas sus deudas pero, ¿cómo podían desprenderse de un hijo? No me cabía en la cabeza.Veno me explicó que las familias eran muy numerosas y que desprenderse de uno de sus miembros podía ayudar a salvar a los nueve restantes. ¿Qué pasaba con el control de la natalidad? ¿De verdad no querían a mi pequeña Jia Li Chang? Un instinto egoísta, muy distinto al que había sentido toda mi vida, se apoderó de mi persona: la niña era mía y sólo mía. ¿Dónde había que firmar para largarme de allí antes de que me quitaran a mi hija? Un miedo a que apareciera el enano japonés con una sonrisa diabólica y me quitara a la niña me inundó.

Las horas posteriores fueron un sueño mágico que jamás podré omitir. Un ser diminuto, de ojos rasgados, tambaleándose a cada paso que daba, abriendo ojos y boca cuanto podía, expresaba su admiración, asombro y sorpresa por el mundo que una analfabeta en sensibilidad le enseñaba.No nos entendíamos, su idioma y el mío eran equidistantes en compresión, pero nuestros gestos traducían de la nada al todo por el todo.Su palabra favorita era “Ping” y la mía “Genial” Por lo que terminamos intercambiando nuestras dos únicas palabras que éramos capaces de vocalizar.Para ella todo era genial, para mí el mundo era ping; al día siguiente, Veno me comunicó su significado: gota de agua. La verdad, me sentí un poco idiota en aquel momento, pero ya saben ustedes de lo que son capaces los padres novatos de hacer y decir; yo, no iba a ser una excepción.Después de una semana, volvimos a España; mi obsesión era estar montada en el avión, a miles de kilómetros de aquellas tierras, a salvo las dos. Un poco impostora me sentía, pero sinceramente al contemplar a Ping dormida, me daba cuenta que por ella, hubiera sido capaz de hacer cualquier cosa.En el aeropuerto me estaban esperando mis padres, mi hermano, mi cuñada y mis tres sobrinos. ¡Qué hermosa era la familia!... Me tiré a los brazos de mi madre de una manera que nunca lo había hecho; comprendí entonces a mi madre.Los años siguientes fueron de auténticas penurias económicas; hube de vender mi casa para pagar a la familia de Carmen. Nos cambiamos a una casa a las afueras con un pequeño jardín. Las paredes se caían a cachos, nada funcionaba, pero entre mi padre y mi hermano hicieron habitable aquella ruina de casa; hoy, no la cambio ni por la más lujosa del mundo. En el jardín crece un hermoso guinko y dos cerezos que al llegar la primavera transforma los escasos metros en un edén.En mi trabajo, los muy guarros, me destituyeron del cargo que ocupaba. ¿Saben por qué? Dedicaba menos tiempo a él, pero les puedo asegurar que seguí siendo una profesional, cosechando éxitos para la empresa, pero ésta nunca me perdonó que cambiara las horas por mi hija en vez de ellos.

El día que decidí traspasar la delgada línea nipona, sin duda volví a nacer; esta vez al planeta de las emociones y emotividad, donde no hay fronteras para expandir todo lo que llevas dentro, para dar y devolver todo lo que te ha sido concedido, para cambiar en tu balanza lo malo por lo buenoHe mirado las pequeñas estatuillas de luchadores de sumo junto a los folclóricos bailadores de flamenco, que a su lado, se les ve famélicos y esmirriados, y no he podido evitar sonreír y dar gracias por haber fundido dos culturas en mi vida.Dentro de pocas horas Jia Li Chang Ping Carmen se casa con Guinea Jack, oriundo de África; será la perfecta geisha para su esposo. Su actitud serena y contemplativa ante la vida, me induce a reafirmar que lo lleva en sus genes.

He dejado de llorar; mi ojos se han convertido en los de una rana, rojos y saltones de la hinchazón; no paro de reírme por este pensamiento mío, loco y disparatado ¿Cómo serán mis nietos? ¿Tez negra con ojos rasgados bailando una jota o una sevillana? Claro que… luego ellos se pueden casar a su vez con un indio o mejicano y… ¡Qué bello es vivir!

5 comentarios:

Jaume Canals Lanacemia dijo...

¡horror! feminista a la vista…
Mientras, santa Rita hace su aparición. Y a los treinta y seis años tiene un instante de lucidez “deseé en esos momentos tener un hombre a mi lado”…
mejor dos instantes de lucidez “Me tiré a los brazos de mi madre de una manera que nunca lo había hecho; comprendí entonces a mi madre
mejor dicho, tres instantes de lucidez “¡Qué hermosa era la familia!...
Y un instante de felicidad “He dejado de llorar; mi ojos se han convertido en los de una rana, rojos y saltones de la hinchazón; no paro de reírme por este pensamiento mío, loco y disparatado ¿Cómo serán mis nietos?

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

¿Feminista yo, Pollo? No soy nada, reconozco el valor del hombre y el de la mujer, pero son tan distintos que engarzan maravillosamente.

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Gallinita, compruebo que engarzas maravillosamente. Y es que se empieza por ser una niña y se termina siendo mujer ¡mujer!. ¡Enhorabuena!

Mawwulisa dijo...

Uff un relato pasteloso y pegajoso, rematado con dosis de moralinas mal distribuidas. Yo lo reharía por completo salvando la idea de la historia.

Un saludo, felicitarla por los relatos anteriores (no por éste) en busca de sueños perdidos, mujeres en trenes y sueños americanos.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenas tardes mawwulisa, aunque no te haya gustado, te agradezco y mucho que lo hayas leído.
Creo que a muy poca gente le ha gustado este relato.
Gracias también por haberte leído los otros relatos.
un saludo