domingo, 19 de octubre de 2008

¡VIVA LA REPÚBLICA!

9 de febrero 1951

Busco inútilmente en la memoria, pero no hallo respuesta; retazos sueltos, símbolos esparcidos son lo únicos que encuentro, bueno, y esta piedra manchada de sangre que ha perdurado a través de los años encima de mi mesilla de noche y, al despertar cada día, me recuerda lo que hice.Papá, sé que has muerto de pena, de tanto esconderte, te perdiste en tu infierno particular. Has pagado con creces tu calvario aquí en la tierra; no creo, de verdad te lo digo, que a estas alturas y después de muerto, alguien ose pedirte cuentas.Antes de que mamá cerrara el ataúd, me las he apañado para quedarme a solas contigo; estate tranquilo, he cerrado con llave la puerta y, con la excusa de quererme despedir de ti, puedo quitarte esas prendas ridículas a las que te viste abocado por las circunstancias. Irás al nicho como tú eras y, aunque nadie ya lo vea, tu dignidad dentro de lo posible estará impoluta.

Mogarraz, 1 de abril 1939

La radio de la cocina suena a todo volumen; sé que está así intencionadamente para que mi padre se entere. He aprendido a conocer los actos de mi madre sólo con observar, y no mueve un vaso sin haber estudiado antes las repercusiones que pueden acaecer si lo pone en otro lugar que no sea el correcto.
Una voz seca, cargada de pompa y ceremonia, sale por el altavoz; es la frecuencia de radio nacional de España. De pronto la cocina de mi casa se ha llenado de seres mudos, que atienden al mensaje: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejercito rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado" La voz enérgica sigue dando datos: el parte de guerra ha sido firmado en Burgos por el general Franco… Se consumaba así, la victoria que tres años antes se había alzado contra la república. Todo sigue en silencio; he buscado a padre y ha desaparecido. Con sigilo me escapo y me encamino escaleras abajo; necesito estar con él.
Mucho no entiendo pero sí sé que está sufriendo. Abro la puerta y le veo sentado en un rincón; en sus manos sostiene unos papeles. No se ha inmutado al verme, creo que me esperaba.
-Vete Juanito o madre se enfadará y, para colmo, me descubrirán. Quiero estar solo.- Su tristeza va más allá de las palabras y de mi entendimiento. No me puedo mover y suplico que me deje estar allí.
-Padre ¿Qué son esos papeles?- juré estar callado, pero no puedo.
-Lo poco que pude salvar de mi pasado, antes de que todo cambiara para siempre.- esta última palabra va cargada de algo que no sé explicar, como si ese "siempre" hubiera sido definitivo.
-Padre, cuéntame como eras antes.- me acaricia el pelo; una sonrisa ilumina su cara y su vista se pierde en el otro extremo de la bodega. Parece que allí hubiera una pantalla donde se proyectase imágenes de muchos años atrás...

Salamanca 1932.

Manuel apostado en la barra del café, espera impaciente la llegada de Jerónimo, su hermano; lleva casi doce meses esperando este encuentro. Salió de Mogarraz a las cuatro de la mañana en la camioneta de Leopoldo, el carnicero; en el asiento de adelante iba su esposa, mujer insoportable, bocazas y de malas intenciones. Manuel no comprendía como Leopoldo, hombre de buen corazón, podía haber cargado con semejante bicho. En la parte trasera, a cielo descubierto, con un frío del carajo, propio de esas horas y de la Sierra de Francia, iban Manuel y el cura; eran amigos desde pequeños y nunca interfirió en su amistad las distintas ideologías que cada uno postulaba. Ambos tenían la sensación de aprender uno del otro porque el cura, muchas veces, había ayudado a que entendiera a Jerónimo, el hermano jesuita.
Eran las doce cuando Jerónimo entró en el café. Los dos hermanos se fundieron en un abrazo.
-Estás más delgado.- dijo Manuel.- ¿Dónde, coños, te has metido?
-Cuando el gobierno confiscó el año pasado los centros educativos de la compañía de Jesús, unos cuantos salimos por patas. Total, la iglesia al final me ha excomulgado... - No hay desánimo en sus expresiones; muy por el contrario, está relajado y tranquilo.
-Entonces, ¿a qué te dedicas?
-Sigo en la enseñanza, ahora, en las misiones pedagógicas para llevar la cultura al mundo rural. Por eso te he escrito. Tengo algunas ayudas para poder llevar al pueblo una biblioteca ambulante y preparar algunas conferencias...
A partir de aquel encuentro, Jerónimo volvió a Mogarraz y, ayudado por Manuel, hicieron reuniones dominicales, mostrando reproducciones de pintores en boga, incluso fue Pedro Salinas a dar una conferencia. De la biblioteca, prestaron libros de León Felipe, Rafael Alberti, Antonio Machado. Dieron a conocer las ideas de Azorín, en las que exponía que la república había sido posible gracias a los intelectuales. Manuel estaba de acuerdo en aquella manifestación, pues los grandes órganos de opinión de los primeros treinta años del siglo XX, habían sido ellos, los intelectuales. El aumento formidable de la lectura de libros, la multitud de casas editoriales, lo mucho que se publicaba y se traducía, era gracias a ese grupo de hombres insignes.
En 1933, Jerónimo, el cura y Manuel prepararon una excursión a Madrid para ver la primera feria del libro. El autocar iba atestado de gente; Manuel se empeñó en llevar a todos los niños, porque para él, ellos eran el futuro de la nación y había que prepararles.
Su hijo mayor, Paco, era fiel seguidor de su padre. Bebía cada palabra de él, sobre todo cuando mantenía la idea de que España era un país trágico y violento. Sin apenas saber leer por la edad, Manuel había puesto en las manos de su hijo la obra de Ramón Oliveira "El capitalismo español al desnudo" donde se plasmaban las posiciones de la izquierda. El niño, desde temprana edad, manejaba la revista "El mono azul" que con esmero el padre explicaba todas las claves; el chaval que no levantaba tres palmos del suelo, sabía a la perfección lo que significaba la autonomía para las regiones, lo que era un estado aconfesional e, incluso, siendo rector de la Universidad de Salamanca, Don Miguel Unamuno, le llevó para que oyera a una de las lenguas y plumas más prestigiosas y respetables de la época.
Manuel por aquel entonces era feliz... el mismo, sin ocultarse de nada, respetando a cada cual y enseñando su amor por las ideas, libertad y cultura. Un par de veces fue a Madrid con Dolores, su mujer; sabía que ella disfrutaba de otras cosas por lo que fueron a la zarzuela a ver "Un manojo de rosas".

Mogarraz 1937

Ese año padre, lo tengo bien grabado en piel, como los toros a qué ganadería pertenecen. Desde que el año anterior, se comunicara el alzamiento militar, madre vivió temerosa de todo. Emergió en ella el espíritu miedoso, indefenso e inseguro. Arrampló con todo lo que pillo a su paso, quemándolo en una gran fogata en el patio trasero; su obsesión era que desapareciera cualquier signo republicano de casa. Nada de rojos en la familia. De la noche a la mañana, todos éramos azules y yo... no entendía nada.
El tío Jerónimo desapareció de casa un buen día después de mantener una fuerte discusión con madre; tú, hijo mío, estabas parado en el quicio de la puerta con los brazos caídos e inertes, observando aquel enfrentamiento verbal y casi físico…… Padre, no hiciste nada. Al marchar el tío, el único gesto con vida que mostraste fue quitarte las gafas y restregando los ojos, desapareciste. Nunca volviste a ser el mismo. Imágenes, sensaciones, que arden aún, no hay escombros, sino fuego padre.
Veo los días de noche cerrada, cuando el silencio de nuestro hogar era sepulcral, Paco y yo nos arrastrábamos hasta la ventana para ver pasar a los milicianos reclutados con fusil al hombro. El suelo empedrado de las calles resonaba con fuerza por las pisadas, pero ese mismo ruido se hacía insoportable en las noches de arrestos; la guardia civil de madrugada, sin nadie esperar su visita, invadían los hogares no cristianos y entre gritos y lamentos… Los dos hermanos nos perdíamos en la noche.
También estoy viendo, como madre te cortó el paso un treinta y uno de julio al querer ir al frente de batalla. Siento la bofetada que te dio en mi rostro, no sabía de aquella fuerza de mi progenitora. ¿Recuerdas padre cómo se escabullía madre en la oscuridad para traernos algunas lentejas con gusanos incluidos para poder comer? Una noche, le paraste en seco y, a voz en grito, la llamaste puta. Paco, se asustó tanto, que nada más partir madre la siguió. Tardó varias horas en regresar y, cuando lo hizo, estaba triste de verdad. Sólo me contó que madre se pasaba las noches en el cuartelillo de la guardia civil, pero no me quiso contestar lo que ella hacía allí.
El caso padre, que gracias a que madre era una puta, tuvimos qué llevarnos a la boca durante aquellos años; además, ella te llevaba tabaco para que tú, escondido, pudieras seguir muriéndote. Madre dejó de mirarnos de frente, agachaba la mirada.
Padre, nunca la perdonaste. No fuiste justo con ella. Te debías haber metido en su piel para comprender. Se convirtió en la madre coraje para salvar a su familia, pero tú... por aquel entonces habías olvidado tus pilares fundamentales: respeto, comprensión y valentía; sólo eras, un cobarde sin arrojo, lleno de rencor, creo que hacia ti mismo, por no haber sido capaz ni de defender tus ideas ni a tu familia. Te dejaste dominar por el aplomo de madre y fuiste arrastrado a la pena perpetua.
Pero lo peor de todo padre, ¿sabes lo que fue, verdad? Aquel domingo, que ambos me obligasteis a tirar piedras a los rojos del pueblo; una de ellas, alcanzó a Leopoldo, el carnicero. No sé cuánto tiempo estuve parado hasta que la vista perdió a aquellas figuras. Todo el pueblo se fue a misa como si nada hubiera pasado; lentamente, seguí el rastro de las piedras hasta que encontré la que estaba ensangrentada. Ésa, era la mía.
¿Por qué padre me pedisteis aquello? Era uno de tus mejores amigos ¡Cuántas cosas él me enseñó! Sentándome en sus rodillas y con la paciencia del santo Job, me inculcó el amor al prójimo. Claro, luego lo entendí; esa actitud, era un signo más, otro disfraz, para camuflar nuestra procedencia republicana.
Tú, vestido como hoy, con corbata, sombrero y zapatos, ibas a la iglesia ¿Qué pensabas durante los sesenta minutos que allí permanecías? No me lo digas, lo sé... Eras un burdo Judas.

Mogarraz, 9 de febrero de 1951

Para muchos que defendieron la república, aquel año de 1939, fue el momento del exilio o, lo que es peor, los campos de concentración.
Un buen día te llegó un telegrama, en el cual te comunicaban el fallecimiento de tu hermano en Leperthus. Representó una de las 300.000 vidas que la España ambivalente perdió; muchos de ellos, fueron ejecutados, no defendiéndose, sino en el paredón ¡Ay padre!, cuánto siento tu dolor; lo qué hubieras dado por participar en la revolución colectiva y pluralista de anarquistas, socialistas, comunistas y republicanos jacobinos. Al menos, hubieras muerto satisfecho de ti mismo y sin prolongar tu dolor doce años.
La guerra dividió a España en dos campos; partió familias, humilló a centenas de seres y dividió al mundo en dos mitades.
Hoy padre, es tu gran día; al fin vas a descansar y a ser tú mismo. Retomarás el camino que olvidaste y yo, seguiré sufriendo este fascismo que guillotina nuestras mentes.
El día que madre parta junto a ti, yo iré en busca de Paco y seré libre aunque lejos de mi tierra. Fuiste un intelectual a la sombra, oculto tras unas lentes; te devuelvo los tesoros escondidos. Ahí te pongo la foto de Celia Gámez; las letras de las canciones de los nardos y pichi. En los pies, tienes el cartel de la corrida de toros de Domingo Ortega, tu ídolo. Y en tus manos pongo la litografía de Durá... Padre, se ven tus tres palabras mágicas:
LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD.
¡Adiós, Padre! Descanse, usted, en paz.

PD. Foto cedida por Rafael Ruiz "A VUELA PLUMA"

8 comentarios:

JAVIER AKERMAN dijo...

Un bello relato Mª Ángeles, rubricado por las tres palabras últimas que son muy evocadoras y significativas en lo real y en lo simbólico.
Un beso.

Jaume Canals Lanacemia dijo...

Si mi geografía no me pierde, Leperthus es una población que esta situada en la republica francesa… Y ¿dices que allí había unos campos de concentración y que fue ejecutado un hermano republicano español?.
Lo curioso es que se parece mucho el lema: “libertad, igualdad y fraternidad” al que pregonan en la republica francesa y si además parece que nos aportas un modelo de cómo trataron los republicanos franceses a los republicanos españoles vencidos y que se pudieron escapar al país vecino, es decir, a la republica francesa... ¡No comento más!.
Pero es: ¡Curioso!, y no deja de ser curioso que con esta argumentación hayas puesto ese titulo a tu artículo.

Nómada planetario dijo...

Tu entrañable relato me ha recordado mucho la película "La lengua de las mariposas". Para mi toda una obra de arte.
El trato que dieron a los exiliados españoles en Francia no fue de hotel de 5 estrellas desde luego.
Si miras en la red la biografía del fotógrafo Agustí Centelles, verás todo un ejemplo de valor.
Salud, porque a mi también me hace falta, con el catarro que tengo encima, jeje.

Isabel dijo...

y tantos y tantos, muy bonito el relato, que bonito homenaje para un padre que tanto lucho y sufrió.
Un beso

Alatriste dijo...

Un relato muy emotivo. Fue un placer perderse por tus palabras y por tu creatividad.
Llevar tres blogs para adelante, tiene mucho mérito.
Cuídate mucho. Besos.

Ricardo Tribin dijo...

Un excelente texto mi querida Maria Angeles que me recordo a Moscardo.

Un abrazo inmenso y te felicito por este post que te quedo bastante bueno e ilustrativo.

Cristina dijo...

Querida.... SIN PALABRAS...

Un beso muy grande... Gracias por tu entusiasmo...

victor Rocco dijo...

hola amiga he colocado un nuevo texto en mi blog , haber a que te sabe , mis mas gratos saludos desde mi tierra de letras sur.