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jueves, 3 de junio de 2010

COCIDO MADRILEÑO

Este hombre me hace mucha gracia, no puedo remediarlo. Es más: cuando
él no me ve, le observo concienzudamente, escucho su voz, incluso me
obstino en meterme dentro de su corazón para saber qué estará
sintiendo.
No, no piensen ustedes que me atrae esta persona, físicamente no, y
eso que es guapo, al menos eso lo que dicen las mujeres. Soy
hombre y aunque ahora muchos han destapado su tendencia sexual, yo
tengo una clara inclinación al sexo opuesto; pierdo la cabeza por las
mujeres pero, allá cada cual, mientras no hagan daño a otros, me
parece genial que sientan, actúen y digan lo que les venga en gana,
¿no les parece? Bastante ya tenemos con nuestros líos particulares
como para estar juzgando a otros.
En fin, a lo que íbamos, me enrollo como las persianas y ya no sé por
dónde me llego... Les iba contando que el personaje en cuestión me
entretiene una barbaridad. Procuro salir a comer con Jonatan José,
¡Menudo nombrecito! Nos traemos la tartera y en la cocina de la
oficina entablamos charlas de lo más amenas. Bueno, para ser sincero,
yo pregunto y él habla; no tiene reparos en contestar a pesar que
muchas veces soy un indiscreto de narices, pero es que me obliga a
ser así. Por ejemplo, el otro día me contó que "Sus mamás..." le
interrumpí.
-¿Cuántas madres tienes, Jonatan?
-Tres pero creo que al mes que viene, tendré cuatro.
¿Qué harían ustedes en mi caso? Yo lo tengo claro: seguir
preguntando. Si uno quiere comprender, ha de conocer todos los
matices, así luego pues tienes una opinión más o menos fundamentada.
¿Sí o sí? Pues eso es lo que digo yo.

Ayer, no hice preguntas, le vi "ido" con el pensamiento en otra
parte. Miraba por el ventanal el agua caer, el viento azotando los
árboles. Presintió mi presencia porque sin volverse a mirarme,
preguntó:
-¿Cómo es el frío?- me dejó más cortado que una mona en una piscina.
-Depende... ¿No tienes ropa de abrigo?- no contestó pero añadió...
-Tengo arrugadito el estómago. Echaré de menos el calorcito del sol-Sin terciar más palabras, se volvió a su mesa.

Hoy, sigue más o menos igual que ayer. Está concentrado en una
montaña de papeles, pero sé que no está allí, lo presiento.
Me debato en quedarme pegado a mi silla o levantarme y, aunque sea,
pasar la mano por su hombro, vamos, que sienta "un calorcito humano"
porque este hombre ha logrado que se me arrugue a mí también el
estómago y fíjense ustedes: sus costumbres no dejan de chocarme, hay
veces que tengo que controlar la risa, no quiero ofenderle. Su
parsimonia me enciende, es como si sus movimientos fueran a cámara
lenta y la prisa no entrara en sus venas. Un día, casi estuve a punto de saltar pero, en ese preciso momento me acordé que el calor aplatana y Jonatan lo está y mucho, así que callé.

Al medio día, ya no he podido aguantar más y me he ido como un
huracán a su mesa:
-Moreno, te invito a un cocidito madrileño, verás como la gente de
esta tierra palia el frío.
-¡Epa! Vamos.- Me ha dedicado una sonrisa de tal calibre, que se me
han desarrugado hasta las arrugas de la cara.

Por los pasillos he oído risitas, comentarios como "Son el café con
leche gay" Espero que Jonatan José no lo haya oído pero por si acaso,
le he dicho:
-¡Cuánta intolerancia!
-¡Epa!.- Me ha agarrado del hombro y riendo, nos hemos ido a saborear
los rigores del frío.

4 comentarios:

Juan Antonio dijo...

Encontrar junto al calor reconfortante de un cocido el calor de la amistad es algo sublime.Aunque sea cafe con leche gay,que mas da...

Juan Julio de Abajo dijo...

Las inclinaciones sexuales no determinan la calidad del ser humano. Poner "peros" es poner fronteras. ¡Ya está bien de fronteras y de estólidos prejuicios!

Abrazos con ternura.

JULIO.

gaviota dijo...

vaya dos calores el del cocidito y el de la amistad reconfortante besitos gaviota

Herodes de la Bética dijo...

Me ha encantado tu relato. Ya tienes un nuevo admirador. Saludos....