jueves, 12 de abril de 2012

SIEMPRE PARÍS


Hoy he subido al desván de la melancolía cuando el sol se escondía pasadas las seis; ya es otoño, ha llegado el otoño me decía mientras trepaba los veinte peldaños hasta el tragaluz de mi memoria.
Cuando llegué, justo en ese instante un rayo iluminó el desván y dos hojas quedaron selladas en el cristal del tragaluz; eran doradas, hubiera jurado que eran hermanas de aquellas que revoloteaban a la orilla del Sena en aquellos otoños complacientes de París. Si, porque el otoño parisino es del color del te en el café La Paix… A eso de las cuatro de la tarde si es que el sol membrillero ha decidido darse a la fuga, los cielos son grises, de un humo misterioso hasta que arranca a llover mientras el agua como pétalos blanquecinos se adhieren a las cristaleras de los bulevares. Tú fumas, te envuelves en el humo que sale de tus pulmones mientras los ojos miran y las pupilas ven la melancolía que derrama el cielo.
Los tejados de pizarra se enceran con esta lluvia prodigiosa y brillan y brillan lanzando destellos estrellados contra los ojos que les miran atónitos del prodigio natural… Y por aquellos días me enamoré perdidamente de una mujer; fue una locura, desde el primer momento mi razón lo supe, pero dejé mariposear al corazón ¡Tanto tiempo atado al juicio no es sano, Ramiro! Me decía mientras contemplaba aquellas piernas torneadas cubiertas por un fino esmalte de seda ¡Qué mujer aquella, Ramiro! Perdí hasta el sedal volviendo a España con el rabo entre las piernas y ni un mendrugo que llevarme a la boca. No sólo me secó los bolsillos, cegó mi aliento de alcohol, anegó mi sesera y marchitó mi ingenio, así hasta que me echaron del periódico y gasté mis ahorros; después ella se esfumó también en una tarde de otoño mientras la voz de Edith Piaf se rasgaba junto a un acordeón.
Volví a Madrid, y mi madre, siempre mi madre acudiendo al rescate de su hijo díscolo, ¡Qué amargo fue el regreso!, más con una madre anciana, controlando cada uno de mis pasos… Pero murió pronto, al otoño siguiente de mi regreso… Siempre el otoño revoloteando entre mis horas. Sentí paz cuando la tierra cubrió los restos maternos. Volví a casa, yo solo, condenado estaba a esa soledad que en el fondo, no mucho después, comprendí que era mi mejor compañera. De un bohemio no se puede esperar ni vida rigurosa, y menos ser como la inmensa mayoría llevando vidas normales. La normalidad nunca entró en  en la mediocridad de mi existencia; eso lo dejaba para la gente que nada se pregunta y arrea con lo que el destino le depara; yo, no.
Pero gracias a esos vaivenes, subidas de voltaje y baja tensión encontré mi camino y por fin mi dicha.  Puse en el desván el despacho y como única luz natural aquel tragaluz. Mis artículos volvieron a sus costumbres de revolucionar rayando lo incorrecto; se rifaban los periódicos por obtener algunos renglones míos, aunque fuera torcidos, las editoriales no sólo habían perdido la compostura… Todo lo que yo decía era ley ¡Qué majaderos! Pero aquello sin duda me divertía mientras en mí, muy dentro de las entrañas iban saliendo los primeros versos…
Volví infinidad de veces a París, siempre en otoño, of course, para saborear  esa estación que tanto me embrujaba. Paseaba por Las Tullerías encima de aquella alfombra dorada y las hojas chillaban silenciosas bajo mis pies; su esencia de oro, migas de una vida terminada.
Me casé con una mujer mucho más joven que yo, de exquisitos modales, basta cultura y de una belleza melancólica. Me hizo feliz, jamás perdí el juicio por ella, pero serenó los años que pasé con ella. Murió un otoño de una pulmonía y pasé a ser tan viudo como mi estación favorita.
Dicen que los poetas son intemporales, que no pertenecen a ninguna estación y, si eso es cierto, entonces no seré un poeta porque estoy y estaré siempre enamorado del otoño en París, siempre en París.

2 comentarios:

José Luis Martínez Hens dijo...

Y la primavera en Sevilla, claro. Tonto que es el Ramiro.

PEPE LASALA dijo...

Precioso Mª Ángeles, da gusto leer algo que haga meterte de lleno en su contenido. Me ha gustado muchísimo. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea.
http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/