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jueves, 10 de julio de 2014

DE LA MARISMA AL CIELO

Madre dice que debo meterme en los zapatos de la gente para poder entender a mi prójimo, pero es que hoy nadie se mete en los míos y sólo escucho bufidos de unos y otros; estorbo a mi madre, a mis tías, a mis hermanos…, claro que a mi padre seguro que no, soy su ojito derecho, nada me consiente, pero todo me da después de que me lo haya ganado, eh… Sí, pero no está. Bajó a Sevilla por asuntos de papeleo y aquí estoy sufriendo el maltrato ajeno. Bueno, soy un poco exagerada pero es que la emoción me puede.
¿Quién soy? Pues Rocío García Pérez, sevillana de pura cepa y andaluza por los cuatro costados. Tengo dieciocho años, bueno no, los cumplo mañana, 26 de junio, día grande en nuestra familia. No porque naciera yo y encima fuera hembra después de cuatro varones. Sino, además, porque se celebra “La saca de las yeguas” de gran tradición en estas tierras como en mi familia… ¿Qué no sabéis lo qué es? Yo os lo cuento ahora mismo para eso dice mi abuela Amelia que mi poder de narración es infinito a la par que la inventiva imaginación que poseo, pero de esta fiesta, ni una miaja me invento; de verdad, eh… Los potros que han nacido y crecido en el parque en el último año son conducidos a Almonte para su venta en la feria de ganado. La saca comienza el jueves 26 de junio y durante el fin de semana se celebra la feria ganadera. Los animales que no se venden, regresan al coto. Durante el fin de semana como os decía, se desarrolla la feria ganadera, con el marcaje e identificación del ganado, la tusa (que es la corta de crines, cola y desparasitado de los animales) y el mercado de compra-venta de ganado. El lunes, el ganado que no se ha vendido regresa a Doñana.
Esta tradición se remonta a 1504, por medio de la ordenanza del duque de Medina Sidonia, en la que regulariza oficialmente esta tradición. Y se establece que el ganado se moviese de los prados acotados al efecto hasta Almonte, coincidiendo con la festividad de San Pedro. Así desde hace siglos, cada 26 de junio los yegüerizos almonteños van en busca del ganado que ha permanecido pastando durante todo el año en distintos enclaves de Doñana para conducirlos hasta Almonte. Tan sólo tienen permitida la entrada quienes tienen yeguas en el coto, como mi padre, o poseen un acceso especial que tan sólo se concede a personas de la zona. ¿Qué, a que os gusta? A mí me rechifla porque los caballos son mi pasión, porque yo misma (palabras del abuelo Lucas) soy un potrillo salvaje; esta tierra da raza y coraje. Te sientes tan libre que a veces presiento que me van a crecer alas y voy a volar con Sepia, mi yegua. Bueno, no, no es mi yegua, es prestada, del tonto de mi hermano Rafa. En casa no se tiene caballo propio hasta que se cumplen los dieciocho, pero en la feria, padre me comprara uno; no me lo invento, así al menos es lo que ha hecho con mis hermanos. El caso, no lo he dicho, sólo pensado, aquí por los alrededores hay machismo a espuertas. Las mujeres no opinan, están para parir y ser ama de casa… Pues conmigo que no cuenten porque yo lo tengo muy claro: quiero ser veterinaria y tener cuadras. Además, los chicos no me gustan… Bueno, un poquito.
¡Ay! El otro día, vi a Carlos ¡Qué re guapo, madre!, él no me vio, pero yo le vi con una morenaza de quitar el hipo; sólo tenía ojos para ella. Ya veis, yo soy rubia, pues como si viera una pared. Tiene veintisiete años y ayuda a su padre en la ganadería aunque baja mucho a Sevilla. Y es que la morenaza de marras vive cerca del colegio mío y la va a buscar frecuentemente. Si vierais que tetas tiene, impresionantes de bien puestas, ¡Jo!, yo no tengo, pero mi amiga Pati me ha dicho que hay unos sujetadores que te sube lo que no tienes y se desborda luego por el escote, así que  la semana que viene cuando baje a Sevilla me lo compro, y el día que sepa que Carlos viene a ver a mi hermano Pedro ¡Zaca!, me lo pongo y seguro que ese día no soy transparente para él.
Es que me gusta desde que yo llevaba pañales(aunque de eso no me acuerdo, mi corazón me lo dice) y él con sus ojos verdes me miraba y decía ”La pitusa más guapa de Doñana”… Ya, si ya no me ha vuelto a mirar pero juro por lo más sagrado que éste un día me mirará, me mirará tanto que se quedará ciego. Bueno, ciego no, pobrecillo, pero caerá rendido a mis pies y a todo el mundo le hablará orgulloso de su novia veterinaria, oséase, yo. No penséis que sueño, no, soy realista y sé de mis posibilidades, lo que pasa es que ahora dichas posibilidades además de no estar explotadas, están enclaustradas,  porque como bien dice madre soy una menor… Por cierto y según el tonto de mi hermano Rafa que tiene dos años más que yo, dice que soy una pazguata y razón no le falta. Hay chicas en el colegio que se comportan muy ligeritas de cascos y seguro que lo que mi madre, mis tías, mi abuela y toda la familia García Pérez guarda con tanto celo de mí para mi marido, oséase, la virginidad dichosa, las del colegio se la han ofrecido ya a todo el santoral. Si es que, además, a las diez tengo que estar en casa, si al baile del Roció voy con todas las escopetas familiares cargadas para que ningún chico se me acerque… Si yo sólo he bailado con mis hermanos… Si Carlos me hubiera estrechado en sus brazos, seguro que habría dejado a la morenaza. Mañana es mi día.
Bailaré con Carlos, claro que antes tendré que dar veinte euros al tonto de Rafa para que entretenga a la morenaza mientras yo abordo a Carlos. Mi siguiente paso, cauto, y medido será esperar a que padre me regale la yegua ¡Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita! Y después, cogeré de las manos a padre, se las atusaré, se las besaré. Me acercaré a su oído susurrándole “De la marisma al cielo, verdad, padre…” y le asestaré el hachazo definitivo “Padre no he nacido para fregar ni cocinar, quiero ser veterinaria”


PD. ¿Suena muy brusco? Yo es que quiero dar un tono de sentencia total, de una chica mayor de edad que decide su destino, ¿vele? Le haré polvo, pero eso serán los primeros días hasta que se haga a la idea que ni me caso con el Rufino ni que por ser gitana voy a abandonar mis sueños.

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