Vídeo promocional de Mujeres descosidas

jueves, 23 de octubre de 2014

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Buenos días Martuchi...
He decidido utilizar este medio porque me asusta verte la cara, el horror reflejado en tus ojos color caramelo, además, estoy seguro que no me dejarías terminar de hablar, antes, clavarías tus uñas en el primer lugar que vieras de mi cuerpo, y la violencia no es lo mío. Tú, eres demasiado visceral cuando las circunstancias se presentan sin más, y ésta es una sorpresa sin duda que no te esperas; tengo que hacerte una confesión..., no sé por dónde empezar. 
Me pregunto si cuando termine de contarte, me seguirás amando, me odiarás, o vomitarás mi nombre ¿Cuál de todo harás? Me interesa mucho saberlo porque según sea tu reacción, variaré o no la forma de contárselo a mis padres, que no es moco de pavo; no sé quien es peor si tú, mi madre, la mujer del eterno corsé social o mi padre, anclado en la guerra civil con Franco y sus secuaces ¿Qué opinas?
Si tú supieras lo que yo sé, te escandalizarías, para qué nos vamos a engañar, eres estrecha de caderas, de  mente y de espíritu, siempre lo has sido y siempre lo serás. 
Martuchi, Tengo 35 años, trabajo, un apartamento, una moto que no funciona, un perro que mea por donde yo voy, y ya es hora que me tome en serio mi vida; sólo por ti merece que lo intente, y es que gatita mía, si supieras que a los chinos les huele el aliento una barbaridad, me contestarías “¿Y a mí qué me importa eso?” Es lo que quiero que comprendas, no me importan los chinos, ni China, ni el resto del mundo... ¡tú eres mi estrella, amor mío! Tú eres mi galaxia, mi único Universo, pero a pesar de todo esto y de que no tengas nada que ver con los malolientes chinos, causas mayores me obligan a  cortar nuestra relación, más, si quiero enderezar mi futuro, proyecto en el cual me hallo inmerso desde hace 48 horas, las justas en que tomé conciencia de que estoy loco... por mi primo el de Murcia.
¿Estás ahí Martuchi? No llores, mi tesoro, aunque te entiendo. Yo, en tu lugar me estaría  ya rajando las venas, pero hay que ser positivos, nunca negativos, más vale darnos cuenta ahora que sólo llevamos 19 años de novios. Fíjate si nos casamos y a los tres días, ¡Zás! Que me gusta el conductor que nos trajo  el sofá ¿No sería mayor decepción? 
Te conozco, sé lo que estás pensando… ¿Y qué tiene ese primo de Murcia que no tengas tú? No sabría explicarte, el amor es ciego, tú bien lo sabes… Que yo te haya sido fiel durante casi dos décadas demuestra que el amor no atiende a razones, cariño... Por decirte algo, te podría hablar de su caída de ojos, esa forma de entornar los párpados sin llegar a cerrarlos del todo, o la manera que tiene de usar el sacachapas, sobre todo con las botellas de Mirinda y de Bitter Zinzano, las abre con una sola mano mientras mira al resto del local como el torero al tendido ¿A qué es romántico? Quizá te parezca un detalle absurdo, una nimiedad, pero es lo que hay, cariño, nunca sabe uno por donde nos va a llegar el amor, el amor... ¡Ese torbellino! Son los pequeños gestos, amor, esos nimios detalles que hacen que, de pronto, alguien a quien tan sólo veíamos como una persona más (léase mi primo de Murcia) se nos presente como el centro del Universo. Los caminos del amor, gatita mía, son inescrutables, quiero decir imprevisibles, tú me entiendes, y Juanfran, que así se llama mi primo, creo que no te lo había dicho, ¿verdad? 
Estoy tan nervioso y atribulado que no llevo orden en mi confesión... Martuchi, creo incluso que tú lo conoces… ¿Recuerdas? Sí, mujer, cuando fuimos a la boda de mis tíos, los padres de Juanfran, que tú pusiste el grito en el cielo cuando te enteraste que llevaban 25 años de novios, tenían cuatro hijos y aún dudaban si casarse o no, pero gracias a mi abuelo que, en el lecho de muerte, suplicó a su hija que no siguiera viviendo en pecado con su novio y que, de una puñetera vez, se casara ¿Lo recuerdas ya? Pero lo que ya te impactó de verdad de la buena, fue su hijo mayor, el que actuó de padrino. Nada más verle, dijiste “¿De dónde ha salido ese esperpento vestido de escarlata?” Sí,  ese es Juanfran, ¡Pobre! A veces su pésimo gusto le hace perder el Norte, menos mal que a partir de ahora como voy a estar a su lado, una de dos, o me convierto como es él, cosa que no descarto porque adoro sus locuras, o él se amolda a mí... Misterio sin resolver.
En fin, mi gatita, me siento Cristóbal Colón ante la tierra prometida; tengo miedo de los indios y lo desconocido, pero el que no se arriesga no gana,  y he decidido dar la cara, es lo lógico ¿no?
Por último, quiero preguntarte una cosa antes de que me encuentres y me partas la cara:
¿Te quieres casar conmigo? Olvídate de todo lo anterior, es que estoy muy nervioso, y no sabía cómo preguntártelo, deseaba que fuera algo tan original que no lo olvidaras jamás. Me he comprado un móvil nuevo sólo para esta ocasión, quiero que todo sea romántico y único, hasta el número que he elegido: 619141414. Llámame y dime tu respuesta.

Carlos, un gilipollas que te adora 


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